Edificios derruidos
Creo que los cinco primeros discos de Manic Street Preachers son sin dudas de los mejores del rock británico de los 90. Manic se merendaban en 10...
Pagan Tango es una obra que, como anunciaba uno de sus temas, era pura sinestesia. Una suave caricia que exploraba sensualmente las posibilidades de la música techno. Uno de esos discos hechos para escuchar con los ojos cerrados y si es posible, drogado. Aunque Chris & Cosey llevaban trabajando desde 1989 con sus canciones, Pagan Tango no apareció hasta 1991. Poco tiempo después del verano del amor, el Technique de New Order y la invasión del acid house y el éxtasis y poco tiempo antes de la eclosión del eurobeat en el mundo del pop. Influencias todas ellas que se dejan notar en el disco de una pareja que, por más que vivieran en un castillo y se mantuvieran ajenos a las modas, no eran ermitaños y parieron una criatura que sublima y resume la época. O al menos, la refleja. De hecho, basta escuchar «Sinesthesia» e «In ectasy» para sentir sobrevolando el espíritu de una era hedonista que, tras la caída del Muro de Berlín, anunciaba sin complejos el advenimiento del consumismo desenfrenado a escala global, la tiranía capitalista y la apoteosis de las libertades subjetivas.
Pagan Tango es una obra sumamente interesante. Una combinación entre hedonismo y vanguardia realmente fastuosa. Pop refulgente y juvenil sobrevolando las fauces de la noche. Un disco que nos conduce a abismos y nos traslada a reinos en guerra llenos de serpientes, mundos paganos llenos de crueldad, pero se detiene frente a ellos y vuela a otros parajes, buscando nuevas dimensiones del placer. Es, en definitiva, una mezcla muy equilibrada entre los mundos de la noche y los del día que invoca orgasmos y dolor con la misma intensidad. La luna y el sol masturbándose frenéticamente sobre una isla griega. Shalam
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