¡Mea culpa!
¡Mea culpa! Hace unos días me equivoqué en avería. Comenté que no se había traducido ningún libro de Philippe Muray al español. Pero no es cierto....
Volver a leer Popular 1 me abrió la cabeza. Me la destrozó. Y en parte, me salvó puesto que sólo la pasión salva. Me sacó de esa indefinición perpetua, esa ambigüedad socialdemócrata donde todo es gris. No existe el bien y el mal. Todo es opinable. Todo son medias sonrisas. Flacidez. Y no hay certezas. Sólo dudas. Sumisión a la actualidad. Porque esa revista continuaba siendo una orgía. Un puñetazo contra lo políticamente correcto. Aire auténtico frente a tanta dictadura de plástico. Un raquetazo de John McEnroe al suelo. Un pisotón de Hristo Stoichkov al árbitro. Juanito escupiendo a un alemán en Munich y luego, haciéndole un corte de mangas.
En fin. ¿Qué puedo decir? Desde entonces, y ya hasta el día que me muera, la seguiré comprando. Es, de hecho, la única revista a la que estoy suscrito. La única que me hace sonreír cuando la leo. La única que parece estar lejos de la actualidad y todavía, por tanto, tiene capacidad de hacerme feliz. Hubo un momento, en que prácticamente, sólo veía rostros agrios a mi alrededor. Rostros de personas que sólo sabían follar en la postura del misionero. O que apenas tenían relaciones sexuales. Y yo no estaba de acuerdo en convertirme en alguien así. Yo estoy dispuesto a llegar a los límites para disfrutar de mi sexualidad. Parecerá exagerado lo que digo. Pero creo que si ahora gozo de una relación plena con Susana, se lo debo en parte a la Popular 1. Porque la revista me impulsó a seguir buceando en lo oscuro. Me continúa enseñando lo importante que es disfrutar. Que es preferible arder en el infierno a la seguridad. Puesto que donde todos los demás dicen «cuidado, piensa lo que vas a hacer. Calcula. Calcula.», la Popu grita, «lánzate y ya veremos qué pasa. Recuerda: sólo se vive una vez». Shalam
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