Carne de perro
Poco a poco, a su ritmo, la segunda corrección de El jardinero avanza, y me siento satisfecho. Ahora estoy disfrutando mucho más que durante la...
Por otra parte, desconozco si a Andrea Valdés le gusta el cine de Jean Luc Godard y hasta qué punto conoce su filmografía. Pero dado que el diseño de la edición de Distraídos venceremos, me remite a los 60 y en concreto, a los ensayos sociológicos y antropológicos procedentes de Francia, no he podido evitar leer su texto como si fuera realizado por una fan del cineasta suizo o una vieja estudiante de la Sorbona que por azar hubiera sido trasplantada a nuestro tiempo. Más que nada porque Distraídos es un libro vivo y rabioso. Un periódico de sociología, una reflexión, una biografía y una confesión secreta sobre filias y fobias. En esencia, sí, uno de esos artefactos que, como Al final de la escapada, Pierrot el loco o Alphaville, obligan a plantearse la esencia de su naturaleza artística a medida que la van explicando en cada una de sus páginas.
El texto de Valdes me recuerda a una fruta. Tal vez a una piña. Combina dulzura y acidez y se encuentra lleno de jugo. Es casi un documental. Un reseña. Un momento de vida. Un instante. Porque lo mejor que se puede decir de él es que además de los escritores que da a conocer, tiene visos de novela o de poema. Es una ametralladora poética que convence más por su sensibilidad que por su erudición y huele a Bossa Nova y a exotismo latino por todos sus poros. Pero también a canción francesa de autor. A banda sonora de película de la nouvelle vague. Aunque, en esencia, tan sólo describe el vacío y la respiración que hay en una serie de textos biográficos cuya confusión genérica ha ayudado a mantenerlos vivos en el tiempo.
En realidad, no sabría decir en qué momento cambiaron los ensayos durante el siglo XX. Cuál fue el momento justo en que se disgregaron en cientos de partículas dando cuenta de la absoluta falta de certezas contemporánea y la crisis de la disertación científica tradicional. Pero sí que el de Andrea serviría como ejemplificación del salto que ha dado este género en un siglo. Tal vez desde que mayo del 68 obligó a destruir la Academia para construir visiones alternativas y libérrimas dentro de los que se enraiza perfectamente Distraidos: un mordisco a la tradición literaria ortodoxa. Un incisivo arañazo de uñas a la literatura que pone en primer plano la «escritura». El instante en que se forja. La herida a partir de la que surge. Una escritura parecida al Bop que, en vez de seguir al pie de la letra las prédicas analíticas, las golpea. Pues, en cierto modo, se encuentra más cerca de la novela que de la reflexión pura y dura. Demostrando que todo está por decir y conocer y que seguimos sin saber demasiado sobre los escritores y sus libros por más que algunos decidieran dar a conocer ciertos acontecimientos de su vida. Shalam
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