Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Leyendo a Hrabal, he sentido también deseos de escuchar las obras de un compatriota suyo, Antonin Leopold Dovrák, al que menciona en uno de los pasajes de su libro. Hoy, en concreto, he escuchado el Romance para piano y violín op. 11 y, más tarde, el aria de la ópera Rusalka, «Song to the moon» y mientras me encontraba inmerso en esta última audición, me he acordado de otro músico al que mencioné hace unos días: Zbigniew Preisner. Pues es difícil explorar este fragmento musical y no rememorar ciertos pasajes de aquellas bandas sonoras compuestas por el artista polaco para la famosa trilogía de krzysztof kieślowski,Tres colores: Azul, Blanco y Rojo. Obras que hoy he comprendido por primera vez que no serían iguales de no haber existido antes alguien como Dovrák. Un músico capaz de extraer una belleza singular de cada nota y melodía, y acercarse a cada pieza musical como si se tratara de una refulgente joya.
Y, finalmente, cuando he terminado el libro, he vuelto a releerlo, olvidándome de mis deberes y el mundanal ruido, saboreando cada una de sus frases como si no hubiera sido Hrabal quien las hubiera escrito sino una parte de mí que se quedó en Praga hace años. De hecho, considero que hay algunas que todo artista debería pegar en la pared de su habitación y leer en voz alta antes de comenzar a escribir, pintar o esculpir. Ésta por ejemplo: «Un escritor, y parece ser que es lo que yo soy, tiene que tratar sus textos despiadadamente; (…) ha de tener coraje e ir más allá, allí donde tiene miedo de ir, donde no le espera nadie, donde el presente es inexistente, el pasado amenazador y el futuro tan, pero tan previsible, como me lo enseñó mi querido Gyórgy Lukács…». Shalam
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