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¿Qué es el fútbol?

Mar 18, 2025 | 2 Comentarios

¿Qué es el fútbol? Hace años lo tenía muy claro. Una guerra. La guerra por otros medios. Un juego de fuerza, destreza, inteligencia y valor. El fútbol era lucha y guerra. El ajedrez y el atletismo pasados por el filtro del sudor y el esfuerzo. Pero, vistos los últimos acontecimientos, pareciera que es un complejo juego tecnológico. Está desnaturalizado.

Lo del penalti de Julián Rodríguez es un ejemplo de por qué apenas veo ya cinco o seis partidos al año. Una decisión así no hace afición. Destroza vocaciones. Aparta a posibles aficionados del deporte. No porque sea justa o injusta sino porque no es humana. No es salvaje. No es propia del fútbol callejero. Tampoco del tradicional. Ese fútbol que enamoraba. La tecnología de momento no ha convertido al fútbol en un deporte mucho más justo. Tal vez un poco sí. Pero a cambio de algunos fueras de juego bien corregidos, lo está sacando del barrio y de nuestros corazones. Lo está convirtiendo en un deporte de burgueses. Una antiutopía. Alguien toca un ordenador y decide en contra del sentido común, en contra de la emoción, en contra de la locura.

El fútbol no es únicamente un deporte. Si sólo fuera eso, no habría tenido tanto éxito. El fútbol era también rock and roll. Esos partidos del Liverpool. Era épica nibelunga. El Bayern de los 70. El de toda la vida. El espíritu de la tribu y de las hordas. Las batallas sangrientas.

El fútbol era un ritual. Caló hondo. Resulta muy difícil acabar con él. Ni tan siquiera los soporíferos parones durante la temporada provocados por los partidos de selecciones le hacen toser. Internet no lo ha herido. Ha convertido la asistencia a los estadios en una costumbre cada vez más necesaria. Algo ancestral. Pero de un tiempo a esta parte, el fútbol es insufrible. A veces parece un Congreso de plañideras. Llora que te llora. Todos los equipos se sienten perjudicados durante los 90 minutos. Algo insoportable. El protagonismo ya no es de los jugadores sino de los directivos y presidentes. ¡Panda de privilegiados! El fútbol ya no es una guerra en el campo sino en los despachos. Quien más influencias tiene gana. Ni siquiera hace falta tener los mejores jugadores. Tan sólo los recursos y contactos adecuados y un poco de suerte en el campo.

Por supuesto, repito, vuelvo a insistir, también es necesario llorar. El que no lo hace, dice el refrán, no mama. En el fútbol no sólo entrenan los jugadores. También los presidentes. Todos los días están llorando en los espejos. Entrenando la queja.

Sé que estoy exagerando pero el habitual concurso de llantos y quejas (el horno crematorio del cabreo) del fútbol patrio da una impresión muy mala. Y que yo sepa, esa no es la idea.

El fútbol es un estado de ánimo. Es infancia y emoción. Hace años era incluso alegría. Vida. Ahora es un ordenador, una cuenta bancaria. Una computadora cuyos pedazos estallan por los aires en cuanto los jugadores saltan al campo y destrozan los tornillos de la gente logrando que se vuelva loca. El fútbol como negocio siempre ha sido un engaño. Manipulación. Pero los partidos de fútbol se empeñaban en llevar la contraria a la anterior frase. Convertían una actividad económica y fría en barrial y alocada. Pura adrenalina. Orgasmo.

En fin. Recuerdo haber leído en El Gráfico unas palabras de Menotti. Las pronunció hace décadas. El técnico argentino decía algo así como que el fútbol era el deporte maś bonito que había. Y que lo único que era necesario hacer para que siguiera produciendo belleza era dejarlo como está. No tocar una sola regla. Tal vez mejorar las canchas. Ajustar algunos detalles. Pero dejar las reglas exactamente igual, sin tocarlas. Tal y como se han mantenido las del ajedrez a lo largo de la historia. Un juego que ha atravesado siglos, conquistado mentes, sinónimo de reinos y ejércitos.

Visto lo visto, concuerdo con Menotti. Los aficionados al Madrid tienen muy claro que Julián Álvarez tocó dos veces el balón. Tal vez hasta tres. ¿Llegó regateando a la portería? ¿Lo metió con la mano? Los del Atlético aseguran que ni rozó la pelota. ¿Disparó? Tal vez ni la olió. Puede que ni la tocara. Su gol no era legal sino lo que sigue. Pues hay normativa al respecto.

Por contra, los que no somos ni del Atlético ni del Madrid lamentamos las dos horas que pasamos viendo el partido. Una de las mayores pérdidas de tiempo de los últimos años. Si llego a saber que el partido hubiera acabado así, con la anulación de ese penalti, de ese modo, con el VAR dictando sentencia, habría hecho cualquier otra cosa. En realidad, aquí no se trata de vencedores ni de perdedores por mucho que lo maquillen. De hecho, yo amo más al Atlético por sus derrotas que por sus triunfos. De lo que se trata aquí es de que este fútbol ya no es fútbol. Al menos el que yo conocía. Nadie querría tirarse dos horas emocionado con un partido que se va a decidir en un segundo desde una cabina. No tiene sentido.

En mi barrio, al tipo del VAR que denunció este hecho le habrían llamado chivato. Nadie le hubiera hecho ni caso. Tendría mala fama. No sé. Estaría excluido. Alguien le habría tirado una piedra y le habría dicho que se fuera. ¡Métete a político, sinvergüenza! Yo al menos le hubiera pedido con educación que nos dejara resolver este partido como hombres. En el campo. Como siempre ha sido. Si gana el Madrid, bien. Si gana el Atlético, bien. Pero que nos dejara resolver la contienda en paz.

Esto ya es imparable. No tiene vuelta atrás. En los tiempos primitivos, las porterías eran pedruscos, luego palos de madera. Ahora la raya está milimétricamente medida. Hasta aquí el fútbol mejoraba. No sé qué ocurrirá a partir de ahora. Porque el fútbol ha dejado de estar en los pies de los futbolistas. Ya es una antiutopía. Los niños comenzamos a jugar, competimos, nos divertimos durante una hora y media y, finalmente, el vencedor lo decide alguien cuyo rostro no vemos. ¿El Gran Hermano? Y ante el que, por lo que parece, es mejor no protestar ni presentar ninguna denuncia por las consecuencias que pueda tener. Si esto no es una antiutopía se le parece. Ya no sabemos qué partido vemos. Tampoco por qué nos emocionamos. De repente, un partido muy competido de Champions se ha convertido en una Coca Cola light. No es ni Coca Cola ni es light. Es otro engaño. Peor aún, no sabemos lo que es. ¿Es verdad, es mentira?  Probablemente no sea sino otro simulacro más. Shalam

الإنسان يؤمن بالمستحيل، وليس بالبعيد الاحتمال

El hombre cree en lo imposible, no en lo improbable

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….no hay norma mayor que los millones que se gastan en las arañas patudas….(tongopenalti)…..
    2imagen….el portero le dice al balon : quien te quiere mas!……..
    3imagen….la justicia en 2025 (consejo general del poder judicial)…(echale mierda al pito y sopla pá dentro…)…..
    4imagen….seguiran ganando los mas poderosos(dinero, fuerza)…
    5imagen….muy conservador……
    6imagen…..»el trabajo te hara libre»….jajajjj
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=Go-jJlGd1so…este medio-tiempo dudua you´ll never walk alone…..gerry and the pacemakers….1963….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Teatro. Todo es teatro. Cuánto nos gusta el teatro. Del Siglo de Oro a la Champions. jajja. 2) Una guerra perdida de antemano. Y más y más teatro. Leyenda derrotada y leyenda engañosa. 3) Sala de mandos. Serie El prisionero. Controlamos el fútbol. También el balón. Al tiempo. 4) El padrino. Vigésimo quinta parte. 5) Klaus Kinski cuerdo y elegante. En otra vida tal vez. 6) Vivan las caenas. PD: Impresionante. Los ingleses y los himnos. Pocas canciones como ésta: https://www.youtube.com/watch?v=Re4aDJL3heA

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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