Un abrumador tornado
La verdad es que no tengo nada que decir sobre esta última Eurocopa. Ni bueno ni malo. Por supuesto, me he alegrado del triunfo de la selección...
Maradona había nacido para formar parte de un santoral, de un sagrado lienzo, junto a Evita y Carlos Gardel. Lo logró muy joven y nadie lo bajó de allí. Ni siquiera él mismo por más que hizo innumerables méritos para ello. No importaba. Cada error agigantaba más su figura, sus regates y sus grandes aciertos. Es lo que tienen los héroes populares. Que las derrotas los hacen más grandes y sus tropiezos más humanos y, en ningún caso, oscurecen su relieve. Al contrario, hacen que la gente los quiera más. Los sienta y perciba más cercanos. Una parte suya indestructible.
A Diego siempre le dolió haber perdido la inocencia. Haberse drogado. Haber dejado de ser sólo un futbolista. Siempre lamentó no ser un héroe puro, pero de ahí a dejarse crucificar había un paso. En cuanto lo apuntaban con el dedo, se jactaba de sus errores. Se enorgullecía de sus fiestas. Pero si volviera a nacer, estoy seguro de que cambiaría ese aspecto de su biografía. Se dejaría las farras para la retirada. Porque si hoy en día existe discusión sobre quién fue el mejor futbolista de la historia fue porque del domingo a la noche al miércoles vivía como si no hubiera mañana. Como un rock star. Muy pocos de sus espectáculos futbolísticos de hecho fueron producto de su preparación. Casi todos fueron fruto de su talento. Cuando Diego estuvo limpio y centrado fue imparable. Era tan genial que parecía un abuso de la naturaleza.
Diego tenía algo especial. No era capaz de pasar inadvertido. Le he escuchado casi tantas frases memorables (dignas de aparecer en la antología del disparate, un tratado de filosofía callejera o una comedia de los hermanos Marx) como jugadas inolvidables realizó en su vida. Y eso es mucho. Diego era un showman. Lo ponías delante de un micrófono y daba tantos titulares que era casi imposible resumir lo que decía. Era muy contradictorio. A Nietzsche le hubiera gustado conocerlo. Era humilde y engreído hasta decir basta. Era tímido y osado. Poseía, sí, una inteligencia natural muy aguda. Pero también una confianza en sí mismo tan grande que no era capaz ni de detectar ni de poner freno a quienes intentaban aprovecharse de él.
Durante un tiempo, a Diego todo le salía bien incluso haciendo oposiciones para que no fuera así. Los directivos del F.C. Barcelona lo despidieron como si fuera un don nadie. Hartos de sus desplantes, su protagonismo, su rebeldía. Maradona había transformado Cataluña en su rancho. La noche llevaba su nombre y muchas bolsas de cocaína la dirección de su chalet en la ciudad condal. Sus patadas de karateka barrial en la final de copa contra el Bilbao fueron el punto final a esa tensa relación. Ni Diego se entendía con Núñez ni la burguesía catalana con él. Así que, cuando lo despacharon con un lazo a Nápoles, pensaron que se habían quitado de encima un problema. Años después, tras la traumática derrota del club blagugrana frente al Stetatua en la final de Sevilla, la ópera mexicana de Diego y sus recitales en Nápoles, no sabían dónde meterse. De no ser por Cruyff, su error con Maradona no sería una lamentable anécdota. Sería un trauma en el que mirarse una y otra vez. Juan José, aquel defensa del Madrid con aire de Sandokan, seguro que no lamentó su partida a la península itálica. Se le recuerda más por el recorte que el astro le hizo en la línea de gol en el Bernabeu que por toda su notable trayectoria. Su lugar en la historia del fútbol fue servir de atrezzo a la obra de arte de Diego.
El mejor Maradona fue el de México y el de Nápoles. El Mundial fue su Hamlet. Su ser o no ser. El todo o nada. Toda su vida y trayectoria futbolística se justifican por su maravillosa performance. Maradona llegó al país azteca como un futbolista y se fue como un mito. En Nápoles llegó como una genial promesa y se fue con su rostro grabado en cientos de paredes de casas y calles e iluminado por velas como si fuera un santo. De no ser por su carácter voluble y su orgullo, por haber eliminado a Italia con Argentina en el mundial del 90, nunca le hubieran dejado irse salvo al final de su carrera para jugar en Boca.
Diego se preparó a conciencia para el Mundial del 90. Pero sus tobillos estaban muy castigados. Le dieron por todas partes. Jugó un porrón de partidos infiltrado. Pesaba más que en el 86. No era el mejor Diego. Pero aún así, bastó ese Diego para llegar a la final.
Hay tres días muy tristes en la vida deportiva del astro argentino. La final perdida con Alemania en el Mundial del 90, su expulsión por doping en el Mundial 94 y su retirada el 25 de octubre de 1997 en la Bombonera. Quienes no hayan visto las imágenes de su adiós se han perdido algo grande. Todo lo que estoy intentando explicar y creo que no termino de alcanzar a hacerlo se puede resumir en aquel día. Diego era fútbol puro. Arte total. Un santo. El día que se retiró, murió. Todo lo que vimos después es un drama. La tragedia de alguien que nació para ser futbolista y sólo podía ser feliz en el campo de fútbol. Un hombre inculto pero con una enorme personalidad al que le tocó ser el símbolo de un país que, acostumbrado a las frustraciones, lo encumbró tanto por lo que hizo como por cómo lo hizo. Su gol con la mano a los ingleses fue una patada en el culo de Margaret Thatcher y los militares que habían matado a cientos de argentinos en Malvinas. Su segundo gol una muestra de lo que es el tango, la cultura del potrero, la fantasía porteña, el carácter latino. La vida en definitiva. Eso tan difícil de definir y de exprimir que se llama vida, (driblar, respirar, sentir) y que Diego, al menos como futbolista, llevó a su máxima expresión. Shalam
1º-2º-3ºimagen:…….se presta como modelo a la escultura clasica o neoclasica……
4ºimagen:……salida del metro de la plaza de castilla (los juzgados)…..jajajjjj
5º-6ºimagen:……seguimos con los modelo de escultura de 360º……..un apelotonamiento de musculos (miguel angel buonarotti)……….
7ºimagen:……rodin…los burgueses de calais……la gran queja………
8ºimagen:….oferente iberico……(escultura iberica)………….
1,2,3) Escultura clásica griega pero de la última época. Imagino al escultor arqueando un poco su figura avistando el final del clasicismo. O bien lienzos pop colgados en un museo sobre la música rock 4) El planeta de los simios. ¡Un humano que habla! Todos a verlo. 5-6) Mucho más renacentistas, sí. 7) Jugar y hablar en el campo profesional como en la cancha. Diego estaba en un campo de tierra. No en un Mundial. 8) Maradona-Evita: Volveré y seré millones.