Raspas y armaduras
Estoy volviendo a leer El Quijote lentamente. A mi ritmo. La semana pasada incursioné en los dos primeros capítulos y me quedé fascinado. No...
Magistral es un texto caníbal. Un torbellino. Una descripción soez de la indigestión literaria provocada por la sociedad de consumo y sus agentes. Es un discurso alterado y crispado, nervioso y vibrante que, frente a la dictadura del comercio y las ventas, aspira a descomponer todos esos mensajes procedentes del mundo de la publicidad que únicamente provocan putrefacción.
Magistral es la voz rabiosa de la escritura pidiendo a gritos auxilio antes de ser sumergida en un pozo. Es el grito de un herido. Un lamento estéril sobre la posmodernidad. Una súplica porque acabe ya y una constatación de que todo el juego de simulaciones y suplantaciones constantes que ha propuesto, en vez de resucitar al ser humano, lo ha enterrado más al fondo.
Magistral tiene la virtud, a su vez, de actualizar esos narradores canallas que poblaron la literatura española en otros tiempos. Posee ciertamente bastantes similitudes con el Pascual Duarte de Cela aunque, asimismo, con la sucia voz que se deja oír en las canciones de Extremoduro. Algo que contribuye a mostrar lo lejos que se encuentra lírica rebelde actual de la que estudia en la Universidad y es canonizada en los suplementos culturales.
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