La guerra del cerdo (3)
Prosigo con mi particular diario –La guerra del cerdo– y dejo a continuación algunas de mis últimas impresiones y experiencias con las mascarillas....
Exactamente, Bernhard fue un paso más allá de las nihilistas enseñanzas de la obra de Dostoievsky. Convirtió a sus personajes en chacales, nos enseñó que, enfrentándonos al monstruo que somos, es como conseguimos que la existencia sea soportable y casi que la convivencia sea posible y que atacando con visceralidad las reglas, la cultura de la doma y la molicie que se nos impone, podremos atisbar un rastro de luz aunque ésta sea sangrienta. Disfrutar de una melodía musical o el pasaje de algún libro que son, en esencia, momentos fugaces que no pueden evitar que el caos y la corrosión continúen inundándolo todo. Absolutamente todo. Dejándonos como única respuesta ante tanta mediocridad, el crimen o el suicidio. Esos actos rituales que la mayoría de personajes de Bernhard sueñan realizar. Pues al fin y al cabo, sus novelas describen un mundo lleno de fantasmas, viciosos y seres harapientos que se ríen constantemente de los reyes y los burgueses, cuya máxima aspiración es envenenar a la sociedad y el mundo entero. Shalam
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