Dos decapitaciones
Entre los múltiples episodios que se generaron durante los días posteriores a la toma de la Bastilla, es difícil destacar uno. Llama la atención,...
Debo reconocer, en cualquier caso, que desconocía totalmente la poesía de García Román hasta hace unos días. Y que me he adentrado en ella por pura casualidad. Esto es; por mi costumbre de comprar la mayoría de los libros de la editorial donde publico, Balduque, y la certeza de que su editor es mucho mejor lector de poesía que yo. Lo que significa que en vez de encontrarme con dos libros completos, El fósforo astillado y La adoración, he nadado en una recopilación de ambos.
En realidad, creo que son esos los libros que más amo: aquellos en los que el escritor es lo suficientemente sugerente como para permitir al lector terminar la historia. O mejor dicho, completarla. Insinuándole varios finales y principios y, sobre todo, innumerables continuaciones probables (e improbables).
En fin, creo que lo mejor de la escritura de García Román radica en que además de ser una invitación y una propuesta límite, me muestra campos, triángulos, filtros de agua literarios que debería conocer. Delirios andróginos explicándose a sí mismos y medusas retozando en los filos del castellano moderno. Y, por tanto, hace inútiles la mayoría de los análisis y comparaciones.
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