El buen salvaje
A continuación dejo en avería un nuevo pasaje de Un reino oscuro que se encuentra incluido dentro de una reflexión más extensa (un monólogo de un...
Las célebres órdenes de la noche se divide en tres partes. La primera, es una misteriosa oda al destierro y la enfermedad. El hospital y la angustia. La segunda, es una breve, sencilla y bella excursión por el género slasher. Y la tercera, es una enorme invocación al Anticristo. El señor de nuestra hambrienta era de plástico: Frankenstein.
Al parecer, Las célebres órdenes de la noche fue escrito escuchando a Ben Frost. No sé exactamente qué disco. Pero yo lo leí, mientras sonaban los acordes de By the throat. Un desolador viaje crepuscular y espectral, ideal para escarbar en poemas que son invocaciones, rezos a una criatura, Frankenstein, que es el abuelo y nieto de todos los monstruos que ha habido y habrá. La consecuencia de la crueldad de los dioses antiguos y la raíz del sinsentido actual. Un visceral cruce entre Edipo y Cronos cuyos ojos caídos, sin brillo, y sus manos frías demuestran que el mal no habita ya en el odio sino en la indiferencia. Esos campos llenos de flores muertas sobre los que bailan seres con la mirada perdida incapaces de escuchar los gritos de los moribundos y las niñas heridas. Shalam
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