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La espiral

Sep 27, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a un disco de Nine Inch Nails que condujo la música a cotas nihilistas nunca antes entrevistas: The downward Spiral. El cual recomiendo leer escuchando uno de sus fascinantes temas: «A warm place».

 

La espiral

Puede que The downward Spiral no sea ni mi disco favorito ni el que más he escuchado de los publicados durante los 90 del pasado siglo, pero tengo muy claro que lo pondría el primero en una hipotética lista que se ocupara de los más importantes e influyentes Lps de la década citada. Creo, de hecho, que su inquietante y apocalíptico sonido define como ninguno el ambiente malsano de aquella turbia época en la que la la música se volvió extrema y endureció sus postulados hasta tal punto que parecía caminar, a tono con el ambiente de fin de siglo, hacia su completa autodestrucción.

Recuerdo que la primera vez que escuché a Nine Inch Nails sentí que definitivamente habíamos entrado en otra etapa de la historia del rock. Al poco de escuchar esas guitarras parecidas a misiles balísticos cuyas resonancias y efectos se continuaban sintiendo horas después de haber atravesado este puente quebradizo, me conecté inmediatamente con el presente. Comprendí que había un nuevo sonido (más allá del grunge) a mitad de camino del rock industrial, el ambient y los experimentos vanguardísticos del pop más abstracto y huidizo. Todavía, de hecho, a día de hoy, sigo sin poder definir lo que hacen Nine Inchs Nails. ¿Hardcore nihilista? ¿Una rala mezcla entre el trash metal y el ambient? Y si esto es así es porque creo que Trent Reznor entrevió un claroscuro del alma humana, oteó un lugar artístico al que nadie hasta entonces había llegado. Ni Black Sabbath ni Ministry ni David Bowie ni Joy Division ni Sex Pistols. Aunque todos estos músicos se acercaran a las malignas costas por las que el diablo de Pensilvania navegó y, de hecho, le sirvieron de maligno canal (quija artística) para retratar a la bestia que llevaba dentro. En realidad, en este disco más que un músico, Trent parecía un guerrero que, tras cortar con su espada decenas de cabezas de tajo, hubiera sido herido y se hubiera visto obligado a visitar momentáneamente el más allá y a enfrentar decenas de espíritus de hombres y animales muertos para sobrevivir.

Todos los fans de Nine Inch Nails saben de sobra dónde se grabó este furioso y colérico rezo: en unos estudios construídos por Trent Reznor en la casa donde vivía Sharon Tate y se produjo su célebre asesinato por parte de la familia Manson. Un violento, sangriento acto que acabó con el hippismo y la inocencia en la Norteamérica triunfante salida de la Segunda Guerra Mundial, cuyo influjo se siente obviamente por todo el disco. Un obra que, en realidad, es un exorcismo. Casi una misa negra. Un Lp que exuda odio, dolor y locura como pocos se han grabado jamás y, al mismo tiempo, es elegante y seductor.  Aunque, por supuesto, lo que prima en sus interior es una oscuridad inasible. Un fondo negro indefinible similar a la mirada de un asesino salvaje. The dwonward Spiral es un disco apocalítpico. Una obra tan brutal y bárbara que prácticamente dejaba en ridículo a todos esos grupos de Death Metal procedentes del norte de Europa que se jactaban de aterrorizar con su aspecto y sonido a medio Occidente.

En realidad, The Spiral pareciera haber sido grabado tras la lectura en una iglesia profana del Anticristo de Nietzsche. Era similar al aullido continuo de una manada de lobos golpeando con sus cuerpos y cabezas una fábrica industrial. Era una obra que iba más allá del punk en su abolición del futuro porque intentaba investigar a golpe de guitarrazos parecidos a machetes el por qué de la muerte  de Dios y de la falta de porvenir. Era un espeluznante grito de rabia que podía haber acabado con Trent en un manicomio o convertido en una parodia de sí mismo como Marilyn Manson. Porque Reznor era un músico que parecía más un asesino peligroso que un artista. Era casi la viva imagen de Caín y parecía poseído por el espíritu de Manson y toda esa ristra inacabable de serial killers nacidos en Norteamérica. En realidad, sólo había un artista por aquel tiempo que fuese tan lejos como Trentz en su desbordante viaje por la oscuridad más convulsa y feroz. Me refiero, claro, a David Lynch y aquel filme, Lost Highway, cuya banda sonora fue producida no por casualidad por un Reznor que podría haber perfectamente interpretado el papel principal de aquella siniestra sinfonía fílmica.

En realidad, yo entronco The Downward Spiral con algunas de las obras más oscuras del arte norteamericano. Creo, de hecho, que su harapienta y alucinada raíz pesadillesca remite a la turbia y convulsa atmósfera de las narraciones de Edgar Allan Poe y que también es posible percibir el espíritu intenso y evadido de los textos forjados por los escritores pertenecientes al Círculo de H.P. Lovecraft. Aunque creo que es conveniente aclarar que en Spiral no hay monstruos sino una soledad total, miedo y locura. Un ambiente esquizofrénico ideal para retratar el alma castrada de tantos exiliados europeos condenados a vivir en los parajes de una Norteamérica parecida a un castillo solitario o un angustioso laboratorio infernal en The Downward Spiral. Un disco que debería ser estudiado en las facultades de Filosofía junto a La conspiración de la especie humana de Thomas Ligotti. Un agresivo grito de odio que clausuraba el punk para siempre y advertía como pocos antes del peligro de la tecnología. La soledad de individuos encerrados en habitaciones parecidas a fetos de alien a los que la religión había dejado completamente solos en un proceso de extinción en el que las drogas y el sexo colaboraban impiadosamente.

En lo que se refiere a su temática, la grandeza de The Downward Spiral radicaba en que, aunque era un disco conceptual que se centraba en los problemas de Reznor y sus procesos de autodestrucción e intentos fatuos de regeneración, servía, a su vez, como manifiesto generacional. Convulso resumen existencial de una época. Aunque, en realidad, Spiral era tan intenso y lúcido que se puede afirmar que era un álbum profético. Era un sangriento versículo bíblico en el que se describía el árido futuro de Occidente. Y en cuanto a lo musical, como he dicho ya más de una vez, no encuentro las palabras justas para definirlo. Porque en The Downward hay de todo (medios tiempos, temas atmosféricos y nostálgicos, composiciones rabiosas, experimentación pura y dura, etc…) y todo lo que hay se encuentra trabajado como pocas veces se había podido escuchar. Se percibe, por ejemplo, que a Reznor le interesaban más las texturas de las composiciones que las propias canciones y que estaba dispuesto a cargarse posible hits para lograr extraer el sonido preciso de una serie de temas que se encontraban centrados en un único fin: describir el autodestructivo proceso creativo y mental de un Reznor que lograba de manera desaforada vincular el Bowie de Low y Lodger con los negros sonidos procedentes de guitarras maquinales parecidas a píldoras antidepresivas y a campos de minas. Utilizando programaciones que transformaban su voz en una lágrima nasal que producía angustia y desasosiego, al bajo en una dinamo a punto de quebrarse y partirse en mil pedazos y a las baterías en cuchillos cortantes que emitían flashes y ruidos parecidos a exorcismos tecnológicos. A alucinados espasmos de turbas de piscóticos. ¡El delirio, la locura, Caín! ¡El delirio, la locura, Caín! Un puñado de ritmos similares a sombras adiposas.

Obviamente, David Bowie cayó rendido ante el talento creativo de un Reznor que había homenajeado a su disco favorito de todos los tiempos, Low, en una gélida e inquietante composición, «A warm place», donde los fondos sonoros se convertían por momentos en iceberg y hielo. Agua helada quebradiza.

Del encuentro de estos dos colosos nació una gira conjunta en la que ambos protagonizaron conciertos históricos que creo que todavía no hemos entendido ni sabido valorar en su totalidad porque lo expresado en The downward supera su propio tiempo y entiendo que, como algunos discos de Scott Walker, interpela directamente a los melómanos de próximos siglos. Serán probablemente ellos quienes sepan utilizar las palabras justas para definir una obra que dejó lógicamente desorientado durante a un tiempo a un Reznor que necesitó varios años para poder grabar otro disco. Acometer con la concentración debida la continuación de esta pesadilla sin igual. La colérica masturbación de un Dios muerto. Shalam

الأمل هو الروح الثانية للتعساء

La esperanza es la segunda alma del desdichado

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…mucha suciedad metalica y barro en el cuerpo….mucha oxidacion….algun chorro de disolvente…..
    2imagen….otro crucificado a la lista……
    3imagen….despues de la fabrica me descojono de la risa…accion
    4imagen…..me voy un rato al espacio…….
    5imagen…..los guantes son para la industria del acido (tan peligrosa algunas veces)…..
    6imagen….hay un comentario youtube que dice:…2000%sex.. 100%violencia….7900%drogas….10000%talento….jajajj
    PD….y despues estaremos en esto…..para que ligue todo el mundo ( gustar a todos, la paz)….berlin…..
    https://www.youtube.com/watch?v=zNXY1av-NUE…..soul-pixar-2020…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Test de Roscharch de laera industrial. Dos escorpiones frente a frente. 2) Bienvenidos a infierno. 3) No. Esto no es un anuncio de Kas Naranja. Esto es el Apocalipsis. 4) Guerreros de la era post-nuclear. Guerra en medio de las ciudades del caos. 5) Voy más allá de Alice Cooper y Marylin Manson. 6) Estoy de acuerdo con ese comentario…jjajajj.. PD: la bestia tenía su corazón. Aquí la serie «Ghost» para demostrarlo. https://www.youtube.com/watch?v=1Qm9SV0nuTQ&t=815s

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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