Melancolía
Dejo a continuación un nuevo avería sobre un majestuoso filme de Lars von Trier: Melancolía. El cual recomiendo leer escuchando la apertura de...
Hay películas con las que se conecta o no. Frente a las que cabe la empatía e implicación absolutas o la desconexión total. Y Damnation es una de ellas. A los pocos minutos de su proyección, yo ya no deseaba salir de ella. Quería quedarme a vivir entre sus personajes y paisajes. Fumando tabaco y bebiendo vodka mientras se escuchaban antiguos valses y cantinelas eslavas que hablaban de batallas y héroes perdidos. Y también de viejos amores derrotados.

Damnation es una crónica de una vida sin objetos. De una sociedad alejada del consumismo que, sin embargo, necesita el contrabando, el oculto comercio, para sobrevivir. El áspero relato de una vida sin un enemigo superior ni un rival al que batir que muestra sin ambages la otra cara de la moneda que protagonizó la guerra fría. El retrato de unos seres atrapados tanto por el mundo que se encuentra por venir (capitalismo) al que de algún modo esa historia de infidelidades hace alusión, como por el mundo que se encuentra condenado a desaparecer (comunismo). Es, en definitiva, un lodazal enfangado en medio de un paisaje desierto que con sabiduría invoca al escepticismo como método para sobrevivir. Invita a continuar avanzando para no ser destruidos por el tiempo, la memoria y nuestros íntimos anhelos. Con la sabia conciencia de que la respuesta a los problemas de los seres humanos probablemente no la posea nadie. No se accede a ella con el celibato (sociedad feudal), el matrimonio (comunismo) o la infidelidad (capitalismo). Y mucho menos adoptando y dejándose guiar por un sistema político, religioso o económico. Probablemente, sí, porque como invocaba Bob Dylan, esa respuesta se halle en el viento. Aunque en el caso del cineasta húngaro, más bien podría decirse que se encuentra más allá, mucho más allá del viento y del tiempo puesto que seguramente no exista. Shalam
0 comentarios