Hipotermia
Lo que me gusta de la literatura de Alvaro Enrigue es que plantea problemas. Por lo general, no es cómoda y es complicado definirla. Me recuerda a...
En cualquier caso, hay que reconocer que ya fuera una mentira propagada por las farmacéuticas aliadas con las industrias globales para vender vacunas y realizar un experimento de control social a gran escala, o ya fuera realmente un virus que espontáneamente se desarrolló, creció y murió en unos pocos días, dejando a su paso varios heridos y fallecidos así como una estela de terror psicológico muy sustancial, la influenza transmitió un legado envenenado a nuestras sociedades. De hecho, su presencia (real o imaginaria) provocó el primer conato de expresión zombie global más allá del consumismo. Convirtió a una de las ciudades más grandes del mundo en un inmenso experimento y campo de pruebas. Consiguió que un pueblo como el mexicano, latino y festivo, acostumbrado a abrazarse, tocarse y rozarse, rehuyera del contacto humano durante varios días. Desterrara el sexo y el beso de su lenguaje cotidiano. Siendo confinado a la incomunicación. Convirtió a los mexicanos en suecos o alemanes. En las estatuas filmadas por Alain Resnais o Michelangelo Antonioni en sus obras de arte. E inoculó la paranoia global en medio mundo, haciendo que todos sospechasen de todos y mirasen con desconfianza al vecino no fuera a ser que portase la daga, el puñal de la muerte en sus labios.
Algo muy perverso teniendo en cuenta que la vida experimentada por el ciudadano medio mexicano no es tan distinta de la muerte. Se parece mucho a ese purgatorio descrito por Juan Rulfo en sus libros donde apenas es posible respirar de no ser por el sempiterno sentido del humor de una población que se diría capaz de aguantarlo todo: desde la contaminación y atropellado tráfico de su capital hasta los salarios tercermundistas o el atropello por parte de gobernantes que, aliados al capital global, no dudan en, si es necesario, asesinar a sus integrantes o utilizarlos como cebo y chivo expiatorio en los asuntos relacionados con el narcotráfico. Cosiéndolos a impuestos sin discriminación y ofreciéndoles una educación basada en el fútbol, las telenovelas y el sempiterno odio hacia Hernán Cortés, a quien, sin complejo alguno, responsabilizan de todos los males actuales (y supongo que también de los futuros), mientras agachan la cabeza ante los empresarios y élites que controlan el país desde Norteamérica, Israel, Canadá o quién sabe dónde. Porque esto parece claro: el territorio mexicano se encuentra en manos extranjeras. No pertenece a los mexicanos. Y en estas circunstancias, a los ciudadanos únicamente les resta doblegarse ante la impotencia. Continuar trabajando como zombies. O dejarse perder en el caos civil donde vida y muerte son sinónimas y la única ley consiste en la amoralidad.
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