Nightclubbing
Pasan los años y Nightclubbing (1981) continúa siendo sinónimo de elegancia, sensualidad y fiereza. Como casi todo lo que hizo musicalmente Grace...
Teniendo en cuenta estos condicionantes, se puede vislumbrar lo que supuso que el batería, Rick Allen, perdiera uno de sus brazos en un accidente automovilístico. Cualquier otro grupo se hubiera mostrado consternado y, tras recuperarse del golpe, hubiera seguido adelante sin mirar atrás, lamentando la suerte de su compañero. Pero Def Leppard eran especiales. Unos cuantos colegas enamorados de las guitarras y las cervezas que igual que grababan discos podían haber ido juntos al fútbol o gastar tardes enteras jugando a las cartas. Y optaron por lo más difícil. Un salto mortal prácticamente imposible e increíble: tener fe en la recuperación de Rick a quien se le construyó una batería electrónica que podía ser tocada con una sola mano.
Cuando Hysteria apareció, hubo severas críticas a la comercialización del grupo. Es cierto que Def Leppard habían dejado de sonar peligrosos. Ya no eran una versión británica y efervescente de AC/DC o la amplificación rocosa de Thin Lizzy. Ahora eran por momentos casi un grupo pop. Una refulgente banda obsesionada porque todos los elementos de sus canciones estuvieran armónicamente ensamblados. Hay quien los describió como los Phil Collins del heavy. Calificación demasiado osada, sí, pero que tampoco estaba demasiada desencaminada porque Hysteria estaba lleno de irresistible hits plagados de voces edulcoradas que, en algún caso, podían gustar más a las fans de la Superpop, (ese eterno ejército de quinceañeras), que a los tradicionales y esforzados seguidores del rock. No obstante, las canciones eran tan buenas, se encontraban tan llenas de detalles disfrutables, eran tan grandes la emoción e ilusión que el grupo transmitía y tan amplia su evolución que, pronto, pareció mejor opción escuchar el disco una y otra vez hasta exprimirlo que perder el tiempo en discusiones puristas. Pues la sorpresa para quienes comenzamos a escarbar en este arsenal melódico que lo mismo podían haber firmado Duran Duran que Michael Jackson pero tenía la virtud de continuar respetando la esencia de la banda, fue que era completamente inagotable. Y por ello, lo que en principio pudo ser visto como un defecto -su sonido extremadamante sofisticado y por momentos, edulcorado- se convirtió en su gran baza. De hecho, a día de hoy, el disco no ha perdido vigencia y me parece el mejor de la banda. Un hito indiscutible en la historia del rock repleto de temas que se bifurcan por los vértices más impensables sin dejar de poseer contundencia y una pegada brutal y por momentos, mágica.
Hysteria, sí, es ese momento en la historia de una persona en el que todo parece encajar. Es, sin duda, un disco que mira hacia delante y construye un mundo de sensaciones y emociones inconmensurable. Música que perfectamente podría ser una colonia de las caras y que guarda un equilibrio casi inapelable entre fiereza y sensibilidad y es tan divertida como elegante. De hecho, es un chute de adrenalina que al menos a mí me hace pensar constantemente en un viaje de transformación: ese que todos los seres humanos realizamos al pasar de la adolescencia a la edad adulta. Shalam
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