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El peso de la historia

Jul 4, 2023 | 2 Comentarios

Si hay un partido de tenis que he revisado en múltiples ocasiones en mi cabeza en los últimos tiempos es el que jugaron Alcaraz y Djokovic el pasado Roland Garros. Un duelo a muerte en el que pasó de todo y casi fue más importante lo que ocurrió psicológicamente que lo que sucedió en la pista. De hecho, Djokovic comenzó a ganar el duelo por allí, por lo mental. A Alcaraz se lo percibía desorientado de tener al serbio frente a frente en un escenario mayor. Y Djokovic, (un maestro del escapismo tenístico), sabedor del respeto que su figura impone, dejaba claro desde el primer momento quién es, por números, el mejor tenista de la historia. De hecho, cambió en gran medida el guión que muchos esperábamos y, en vez de estar a rebufo de lo que hacía Alcaraz, tomó la iniciativa, tiró de galones de atleta, sacó con habilidad, alargó la pista,  movió de lado a lado a su rival, asumió riesgos controlados y minó a un Carlitos que no sólo no se sentía cómodo (ni tan siquiera la dejada le funcionaba) sino que parecía sentirse atenazado por la magnitud del reto que afrontaba. Tal vez porque, a diferencia de los últimos tenistas a los que se había enfrentado, para ganarle el punto a Djokovic no le bastaba con hacer uno o dos tiros ganadores sino tres, cuatro y en ocasiones hasta cinco.

El primer set no tuvo mucha historia. Lo ganó Djokovic por galones. Porque había jugado mucho mejor el partido en el vestuario. Lo había visualizado perfectamente desde días atrás y, al fin y a cabo, para él esta semifinal no dejaba de ser un día más en la oficina. Un miércoles por la mañana en un trabajo del que conoce todos los secretos.

Djokovic, de hecho, se sentía cómodo. Tranquilo. Consciente de que podía perder pero que para ello, Carlos tendría que superar límites nunca hasta entonces entrevistos por él. Desde la primera bola del primer set, Djokovic le dejó muy claro a Carlitos que él no era Tsisipas ni Zverev ni De Miñaur ni Rune. Ni tan siquiera Sinner. No. Djokovic le sugirió con absoluta contundencia a Carlos que si quería ganarle tenía que estar preparado para estar entre 4 y 6 horas en la pista. Que eso no iba a ser un partido sino una cacería. Una batalla sangrienta en el circo romano. Y Carlos sintió el impacto. Estuvo más fallón de lo normal, se puso un poco nervioso en las escasas bolas de ventaja al resto que tuvo a su favor y luchó por intentar descifrar cómo debía jugar contra el lobo balcánico, acusando cierta inexperiencia e inmadurez que su tremendo talento había en cierto sentido ocultado hasta esa semifinal.

Desde la primera bola que jugaron, Djokovic le indicó a Carlos que para ganarle en un Grand Slam tiene que esforzarse al máximo. Que da igual que tenga un drive maravilloso, haya mejorado el revés y su esplendorosa forma de jugar al tenis recuerde a la vistosa y exquisita de la selección brasileña de fútbol. Todo eso daba igual porque esa semifinal no la iba a ganar quien mejor jugara o más bellos golpes tuviera sino quien mejor supiera competir, sufrir, apretar los dientes y templar los nervios. Y fue por allí que Djokovic comenzó a conquistar ese partido y Alcaraz a perderlo. Fue por allí que empezaron a brotar los calambres que dejaron a Carlitos KO y provocaron que el partido terminara in media res.

No obstante, Alcáraz es un tenista con tanto talento, es un tenista tan mágico, tan lleno de recursos que logró cambiar el guión del partido en el segundo set. ¿Cómo lo hizo? Centrándose un poco más, templando los nervios y, sobre todo, cambiando la táctica. Dejando de lado la idea de terminar el punto rápido y tomándose el tiempo suficiente para cocer a Djokovic a fuego lento. En realidad, para ganar ese segundo set, Carlos sólo tuvo que parecerse un poco a sí mismo. Sacar mejor, restar con mayor concentración. Exactamente, como el gran campeón que es, estuvo estudiando a su rival durante todo el primer set y ya en el segundo sabía por dónde y cómo jugarle. Estaba preparado para aguantar más peloteos y, sobre todo, ya entrado en calor, pudo evitar el gran número de errores no forzados que había cometido en el primer set. Un Carlos más paciente y templado entendió que no debía perder el partido de antemano sino obligarle a Djokovic a ganarle y ese cambio de mentalidad y su inmensa calidad hicieron el resto.

Lamentablemente, cuando parecía que por fin Alcaraz podía hacerse dueño del partido (al menos lo que algún tenista puede hacerse dueño de un partido teniendo a la fiera de Djokovic delante, que convendremos que es muy poco), aparecieron los calambres. Un síntoma de la tensión con la que había afrontado el partido un muchacho que si algo quería era no decepcionar a nadie y, precisamente por eso, acabó decepcionándose a sí mismo pero, a la vez, llevándose a sus alforjas una enorme lección de vida y de tenis. Tan grande que creo que Carlitos creció más en ese partido que lo que lo había hecho en los últimos cuatro o cinco meses. De repente, Carlos vivió, supo, comprendió exactamente qué es jugar al tenis no para ganar un torneo, no para lograr el número 1, ni tan siquiera para ganar un Grand Slam sino hacerlo para la historia, para la inmortalidad. Para conseguir una estatua en un futuro museo del tenis.

No sé si Alcaraz y Djokovic volverán a enfrentarse en Wimbledon. Obviamente, el favorito indiscutible es el serbio. Pero yo no minusvaloría a Carlitos. Más que nada porque en Roland Garros, el que tenía la presión era él. Equivocadamente, se echó a sus hombros la responsabilidad de vencer a un tenista con aura de invencible y al final pagó las consecuencias. En el torneo inglés, sin embargo, todos apuestan por su rival y es precisamente ese detalle el que, en caso de enfrentarse hipotéticamente en una final, (además de la experiencia de este reciente partido) podría hacerle jugar más suelto y de manera más natural. Consciente de que no tiene nada que perder y sí mucho por ganar y de que, por edad y talento, está llamado a ser quien destrone a Djokovic. Un reto impresionante pero no imposible para el que, desde ya, debe estar preparándose si es que de verdad Carlos aspira a colocar su nonbre en la historia.

Las diferencias entre ser un tenista genial o uno histórico ya las sabe. Ahora le toca ponerse manos a la obra. Básicamente, porque a Carlos no sólo se le va a medir en el futuro evaluando si fue o no el mejor de su generación sino si fue él (y no el paso del tiempo) el mítico espadachín que terminó (por muy tarde que fuera esto) de una vez y para siempre con el dominio del Big Three. Y para eso no puede dejar pasar mucho tiempo. No tiene que esperar a que Djokovic se retire por ley de vida (con un saco más de Grand Slams a sus espaldas) sino que tiene que ser quien (en dos o tres partidos) le anuncie el camino del dorado retiro. Shalam

معنى الحياة أنها تتوقف

El significado de la vida es que se detiene

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…antes de hacer las proyecciones pondremos a los tres individuos acostados sobre la linea blanca……
    2imagen…..aqui sustituimos los tres individuos que estan de pie por puertas y cada uno de los que estan sentados por montones de libros (siguiendo la sucesion de fibonacci) ……
    3imagen….todo es un campo de geranios…..
    4imagen….una puerta enjabona a la otra su espalda….sonrisa…
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=5FZvdtwl7wM….dos en uno…..un lagarto en la puerta….
    PD2….https://www.youtube.com/watch?v=tf_k7eeHILE….bunbury ..2023…nuestros mundos no obedecen a tus mapas….torrente de bowie y gran homenaje……»cotidianidad» jajajjjj……

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Es un pena y también curioso que de este partido lo que más se recuerde sea exactamente este momento. 2) Esto parece un duelo de esgrima. Ambos se miran y se miden. Están entrenando. Se preparan para un duelo en minutos. 3) A la derecha… desenfocando la imagen, se ha colado un pollo. 4) Aquí la estrella es el hombre de gafas negras con rasgos asiáticos. Tal vez sea un actor que haya aparecido como secundario en un filme coreano. PD: 1) Recuerdo que con esta canción nos burlábamos de un señor alemán de la urbanización de la Manga donde vivo que parecía nazi. Mandaba a sus hijos al paredón diariamente. 2) Me ha gustado mucho este tema. No soy yo muy de Bumbury aunque me cae bien. Este tema me gustó mucho.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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