Martirologio
Existen determinados libros y fenómenos naturales sobre los que considero que no es necesario realizar ningún comentario. ¿Para qué? Son tan bellos...
La América de finales de los 70 era todavía una tierra de oportunidades. Un conglomerado de razas inaudito que recordaba a Babel. Pero no era en absoluto una utopía. Y eso lo muestra The Warriors con toda crudeza. Poniendo el foco en los predicadores, las sectas, la violencia, la lucha, la rivalidad y la necesidad tribal. Walter Hill no había caído aún en la caricatura pandillera y existe, se palpa autenticidad y verdad en su película. De hecho, en cierto sentido, no narra unos hechos sino un estado de ánimo. Un sentimiento de crudeza y desorientación interno familiar a muchos norteamericanos de la época. Tanto es así que creo que lo más importante no es el guión -lo que ocurre- ni tan siquiera las peleas sino lo que las imágenes transmiten. Los sentimientos que provoca el caos que vemos en pantalla, la desorientación, el sudor en el rostro o las ropas que visten los pandilleros. Esa sensación de Apocalipsis cotidiano y continuo lleno de poesía y nihilismo que la conecta tanto con películas de Carpenter como Rescate en Nueva York o la saga Mad Max pero también con las bestialidades de John Millius, las homilías violentas de Sam peckinpah e incluso con el áspero hiperrealismo de los cómics de Frank Miller.
The Warriors es una película física, muy física. De acción. Pero también hipnótica y abstracta. Y es de esa mezcla entre su visceral violencia y sus remembranzas a las obras épicas griegas, ente su brutalidad y cierta sentimentalidad que la recorre, de donde surge su fascinación. Obviamente, no es una obra maestra. La ley de la calle es por ejemplo muy superior. Coppola es capaz de resumir en un par de escenas y con una sola aparición del chico de la moto toda la época de la que se alimenta y surge The warriors. Indicando también que se encuentra cerca de su fin. Pero existe cierta inocencia salvaje en la creación de Hill que la hace inimitable y querible. Entrañablemente caótica. De hecho, a pesar de que, debido al año en que fue estrenada, su banda sonora no incluye rap, es una obra que no sólo condensa los 70 sino también los 80 y por ello ha sido usada como referente estético de la década tanto en videojuegos como en anuncios publicitarios de moda. Probablemente porque apela a sentimientos primitivos y en su violencia existe una nobleza que choca, ridiculiza y pone de manifiesto la hipocresía y el cinismo habituales de Occidente.
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