Canibalismo
No sé si he hablado alguna vez sobre la cultura de la cancelación (un eufemismo de censura) en avería. En realidad, nunca he creído que merezca la...
David Simon fue lo suficientemente inteligente para no realizar críticas demasiado explícitas contra un ejército demasiado demonizado. Puesto en la mira de la opinión pública debido a las tiránicas, caprichosas decisiones de George W. Bush. Y para, a pesar de la velocidad con la que se rodaban las escenas y se desarrollaban determinadas situaciones que era difícil que los espectadores captaran a primera vista, entender la importancia de focalizar la atención en los detalles y los gestos sutiles. Por ejemplo, grabando extremas y absurdas conversaciones en medio de un ambiente de guerra paranoico, casi surreal, precisamente por su extrema hiperrrealidad.
La genialidad de Generation Kill radicaba en su manera de unir el reportaje periodístico, casi el documental, con la virtualidad. De aunar The Wire con Baudrillard y La chaqueta metálica. Una ensalada que intentaba traducir el flujo de ideas inconexas, visiones atípicas e irreales de la guerra, postales culturales de Oriente y el mundo, que surcaban la cabeza de jóvenes para los que el general Patton, Avril Lavigne, Michael Jackson, una Penthouse con restos de semen seco y algún cómic sobre la Guerra del Pacífico con sus páginas medio rotas, se confundían en el mismo lienzo ideológico.
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