Modigliani
No sé si Pier Paolo Pasolini dejó algo escrito sobre Modigliani pero puedo intuir que se sentiría bastante afín al pintor judío. Y que...
La España oculta de García Rodero es, contrariamente a esa imagen de atraso, incultura y barbarie vendida durante el felipismo y el tardofranquismo, una España mágica y noble. Firme con sus convicciones y enraizada en sus tradiciones. Una España de ganchillo por la que, teniendo en cuenta el devenir de la modernidad, siento nostalgia y respeto puesto que en ella no había más confusión que la de los escasos minutos en que día y noche se encontraban.
Con su hermosa serie de fotografías, García Rodero consiguió algo impensable: que la España de Almodóvar y la movida envejecieran de golpe unos cuantos siglos. Poner de moda el blanco y negro y dar un golpe al turismo rural varios años antes de que el término se hiciera célebre. Porque su España es eterna. Joven y vieja a la vez. Mítica y real y mucho más moderna que cualquier lienzo posmoderno o teoría de género. Una España que explica cualquier osado gesto o declaración de Fernando Fernán Gómez mejor que cualquier tratado psicológico o sociológico. Y que hace de Antonio Banderas o Imanol Arias secundarios de la historia de un cine español marcado por la mirada de Alfredo Landa y el genio de José Luis López Vázquez. Una España más firme y segura que el toro de Osborne donde la naturaleza y los seres humanos aún no se habían divorciado y las mujeres y los hombres aceptaban con serenidad el destino que les tocaba. Luchando cuando era posible y trabajando sin más quejas de las necesarias por un jornal que sabía a tierra, esfuerzo y todavía era ganado con el sudor de la frente.
La España de García Rodero no se explica. No se racionaliza. Se siente. Se la escucha y adivina entre sueños como una sinfonía de Albeniz o una canción de Granados. Se vive. Se recrea y se saborea como un bueno vino de Rioja. Y, desde luego, no es plurinacional ni diversa. Es elegantemente uniforme. Sabiamente unida. Un traje de una pieza donde, a pesar del franquismo, las fronteras y las costumbres que aún nos separaban de Europa, se percibe que existía más libertad interior que ahora. Más sano orgullo y mucha, mucha más felicidad y menos tontería que en la esperpéntica España actual que para salvarse de la corrupción y la decadencia ha hecho del fútbol, la tolerancia, el consenso, la cocaína, la diversidad, el desprecio a la religión, el dinero, las teorías de género y su irracional, fanático apoyo a la transexualidad y al feminismo (sólo por ser feminismo y sin tener en cuenta cuándo tiene o no razón), símbolos de su viaje a ninguna parte. Shalam
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