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El útero sagrado

Abr 2, 2025 | 2 Comentarios

Hablaba ayer de la obra de Francis Morell. El mismo día que la conocí, hice lo propio con la de Victoria Civera. Había una exposición suya en la sala Verónicas.  Su título, Círculo vital. Una retrospectiva de parte de la obra de la artista valenciana comisariada por Juan Bautista Peiró que me resultó bastante interesante. De hecho, me gustó pero no sabría decir por qué. Días después volví a entrar en Verónicas y salí con aún más incertidumbre. ¿Por qué me ha gustado?

No he querido investigar mucho para no dejarme influenciar. Algo que me molesta del arte contemporáneo es la necesidad de leer folletos, artículos o las explicaciones del autor para entender la obra. Creo que esto no ocurría con el arte antiguo. La explicación del autor o del ensayista completaba y expandía la obra. Pero todos teníamos claro a lo que ésta aludía y eso no significaba que fuera plana o sencilla.

Realicé este ejercicio con la exposición de Civera. Intenté adivinar a qué se refería cada pieza. En un cuaderno anoté diversas reflexiones en las que intentaba desentrañar la temática de cada una pero al poco de leer las declaraciones de la artista me di cuenta de que no había entendido yo nada. Todo lo que yo había imaginado que Civera quería decir no tenía nada que ver con lo que en verdad había dicho (o deseado decir).

Supongo que en el arte contemporáneo de lo que se trata entonces es de sentir. Algo parecido a lo que anuncia los coachings que debemos hacer a diario en nuestras vidas. Dejarse llevar, fluir. Tampoco cuestionar demasiado.

No puedo evitar pensar que algo huele mal en el arte contemporáneo. No, aclaro, en la obra de Civera sino en el arte contemporáneo cuando sus sofismas y sus dogmas vienen a coincidir con los del capitalismo tardío. Se puede cuestionar la mirada masculina pero no la esencia del poder, de la sociedad y del arte que ésta ofrece. La democracia es incuestionable aunque el Estado se rija por principios absolutistas y utilitaristas. El espectáculo de la cultura oficial. Un mercado global al servicio de la corrección y de la sumisión. La ambigüedad como artificio para someter al ciudadano y al espectador y para que siga fluyendo el dinero por las mismas manos.

Ok. Lo dejo ya.

Si no me equivoco, Círculo vital reivindica los espacios femeninos. Las habitaciones, los rincones secretos, los pequeños misterios. Círculo vital es una gran iglesia del cuerpo y el alma femeninos. La exhibición es un gran útero. Memoria sacralizada de la vida de la mujer. La sala Verónicas contribuye sin dudas a realzar el aspecto sacro de determinados objetos y recuerdos. Convierte el arte de Civera en un altar. Algo realmente sugestivo.

Es realmente difícil sentirse mal visitando esta muestra. A diferencia de otras exposiciones de este calibre, me encontré muy bien contemplando las obras. A ello, desde luego, ayudaba una preciosa pieza musical de tonalidades ambient y título a lo Cage compuesta por Thiago Abreu Pinto («15′ 55») que arropaba en todo momento al visitante.

Una delicia sonora cuya presencia tenía todo su sentido pues, desde sus inicios, el ambient fue en parte considerado música de útero. Música idónea para realizar regresiones. La marihuana de la música electrónica. Un envolvente y cálido manjar mental que no por casualidad fue utilizado por Goldie en aquel enorme alegato maternal,«Mother», que abría Saturnz Return.

La música, repito, es un gran acierto de la exposición. También el modo en el que se encuentran desplegadas las obras. Desconocía el prestigio de Civera hasta hace muy poco pero sí que pude darme cuenta de que había un trabajo de fondo muy importante en la muestra porque cada metro estaba ocupado con sensibilidad. Había un gusto, existía una muy aguda perspicacia en la utilización del espacio. Detrás de esas obras había alguien que sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Hay artistas que directamente atentan contra el espectador. No por ninguna actitud surrealista sino por su vocación de estafadores. No es este el caso de Civera. Ella nos cuida. En gran medida, su obra exalta los cuidados. Pone de relieve la importancia de la mujer para cuidar a sus semejantes, al niño que nace, a su entorno.

Sus obras son muy sensibles. En realidad, son obras solitarias y afectivas. Para Civera, el arte no es el lugar del olvido, sino del recuerdo. No es un todo vale sino el lugar apropiado para dar valor a ciertos sentimientos, ciertos recuerdos, convertir la vida en algo valioso.

Tal vez, ahora sí, me arriesgue a dar una interpretación a esta exposición. Creo que lo que Civera logra en ella es convertir un lugar público en templo de recogimiento sin aludir a la religión. Transformar una iglesia en una habitación en la que todos podemos sentir las experiencias íntimas de una mujer y, al mismo tiempo, compartir las nuestras. Ponernos en contacto con ciertas zonas grises (pero importantes) de nuestras vidas.  Eso no es tan fácil como parece. Por supuesto que recomendaría visitar Círculo vital. Uno se siente más tranquilo tras verla. Más seguro y pleno.

A pesar de todo, no puedo evitar preguntarme si he entendido la propuesta. ¿Es necesario haberla entendido? Eso es tal vez lo más triste del arte contemporáneo. A una interrogación le sigue otra. No hay afirmaciones plenas. Supongo que a eso es a lo que aspiraban los liberales que convirtieron a Derridá en su pope durante el siglo pasado. A deconstruirlo todo. La mejor forma de que no sepamos quién somos. Y una vez conseguido deconstruirnos, aislarnos.

Tal vez lo mejor de la obra de Civera sea que nos ayuda a hacernos fuertes en la soledad. Que está planteada como foco de resistencia. Nos advierte de la importancia de poseer un lugar íntimo en el que nadie pueda penetrar. En la sociedad del espectáculo, ese lugar ha pasado a ser tan relevante como el púlpito o el confesionario en las catedrales del pasado.  Shalam

ليس من الضروري تدمير الماضي لأنه قد مضى بالفعل

No es necesario destruir el pasado porque ya se ha ido

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….escenario….(cd grande azul)…lo mejor son los balcones..
    2imagen….mobiliario urbano….(banco circular)….(necesidad de vender)……
    3imagen…el santo sepulcro (la cruz)….el triangulo es un obispo femenino, muy de moda violeta), jajajajjj…
    4imagen…plaza…baldosa negra escrita (ceramica)….
    5imagen….ojos…el tambor de hojalata….
    6imagen….mauricio catelan es menos evidente….el povera tambien….oye victoria civera, erwin wurm parece mas povera-accion…sonrisa….
    PD…el patio de butacas esta vacio, ohhhhhhhhhhhh……al tarkovsky de «espejo» no le hubiera gustado el circulo vital….
    https://www.youtube.com/watch?v=3dA60D-j290…..nadie puede remediarlo…..(The Mirror: Tarkovsky’s Long Take)….1975….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Esto parece un corral del siglo de Oro convertido en patio de las maravillas posmodernas 2) Al fondo se ven unas personas. ¿Forman parte de la obra? ¿Cuáles son sus intereses? 3) El momento en el que el arte bizantino se hizo pop 4) Los cuatro asientos parecen cuatro insectos a lo lejos. Uno en concreto recuerda a la abeja maya. 5) El misterio femenino. La Mode. Ja. Nueva versión del disco 6) ja. Erwin Wurm es muy divertido. Habrá que hacerle un avería PD: estoy de acuerdo en lo de Tarkovsky. El no querría el pop en lo sacro. Tampoco una habitación. El querría el espíritu de Cristo en la iglesia. El espejo.. palabras mayores.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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