Ruido viral
Dejo a continuación un avería sobre Tuxedomoon que recomiendo leer escuchando una de sus composiciones: "Again". Ahí va. Ruido viral Tuxedomoon...
El último de la fila tuvo una enorme virtud. Fue capaz de ganarse tanto al público tradicional y obrero como al vanguardista y burgués. Supo ganarse el respeto del segmento sofisticado y culto y conquistó el corazón del pueblo. Algo lógico porque era un grupo que podía generar lágrimas de tristeza, provocar raptos pasionales, ser la banda sonora de un dulce amor y de las correrías de un pícaro como de impulsar tesis sobre sus letras en una Universidad del prestigio de la de Salamanca.
El tremendo éxito de una propuesta tan original como la de El último de la fila se debió a tres razones. La primera, muy obvia, porque eran unos excelentes músicos que supieron tocar las fibras sentimentales de la gente sin traicionarse a sí mismos ni edulcorar en ningún momento su propuesta. Fueron capaces de componer canciones eternas e instantáneas a la vez y además, eran un grupo muy trabajador. Era difícil encontrar, de hecho, en cualquier banda española de su época un nivel tan extremo de profesionalidad.
La segunda razón es menos obvia pero al menos para mí, evidente. Y tiene que ver con los influjos arábigos de su propuesta que consiguió reconectar a los ciudadanos españoles con una herencia que, tras décadas de franquismo, parecía perdida u olvidada. La España de los 80 había ido, año a año con insistencia, conquistando parcelas de libertad, acercándose al futuro con tanta obstinación que amenazaba con volverse amnésica con su pasado e historia. Y de golpe, las canciones de El último de la fila la rescataron de ese peligro porque sus discos traían consigo un perfume de azahar, un sabor a té moruno que hizo que los españoles, aun indirectamente, abrazaran una parte reprimida de su cultura. Consiguieran con naturalidad y agradecimiento ensamblar los fecundos tesoros de Al-Andalus con los de los reinos castellanos mientras bailaban en los pubs. Un legado cultural trascendental que, a través de unas bellas y puras canciones, llegó renovado y fresco, aportando gotas de sabiduría y vida esenciales para continuar ampliando las fronteras de esa «España» abierta e inclusiva que se deseaba construir. Y que ahora se reconocía tanto en los poemas de Ibn Arabi como en los de Fray Luis de León.
Y por último, la tercera razón es mucho más sutil pero tan (o más) trascendente como las otras dos. Intentaré explicarla brevemente. Creo que el éxito de El último de la fila fue una especie de catarsis colectiva por medio de la que los españoles consiguieron cerrar para siempre ciertas heridas producidas en su psique por la postguerra. Muchas generaciones crecidas durante el franquismo guardaban memoria del hambre y la miseria. No habían olvidado lo que sus padres o ellos mismos tuvieron que sufrir para conseguir alimentos y disfrutar de unas condiciones de vida dignas tras la Guerra Cívil. Y a todos ellos, El último de fila les nutrió y redimió artísticamente porque en sus letras se referían tanto a vagabundos como a adolescentes solitarios que emprendían viajes alquímicos, piedras que se podían comer y personas sencillas que añoraban la libertad y finalmente, la conseguían.
Realmente, creo que el surrealismo de muchas de las letras de El último de la fila contribuyó al éxito del grupo por razones que probablemente no han sido comprendidas del todo. Los padres de Manolo se vieron obligados a emigrar de Albacete a Barcelona debido a las duras condiciones de la posguerra y allí, el cantante se familiarizó desde niño con las malas experiencias de los emigrantes de media España. No es difícil rastrear, de hecho, ese dolor en letras que no eran surrealistas por estética sino por ética. Porque a través de metáforas inverosímiles eran capaces de hablar de temas que, de otro modo, hubieran removido conciencias y hecho saltar la sensibilidad de sus fans.
En fin, visto lo visto, tiene mucho sentido que a mediados de los 90, casi sin avisar, Manolo y Quimi se dieran cuenta de que su proyecto creativo había llevado a un callejón sin salida y cerraran ¿para siempre? esa puerta de su vida.

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