El imperio del bien
Es una lástima que uno de los escritores más rabiososo, visceral, peligroso, políticamente incorrecto de Francia (Marc Edouard Nabé) no haya sido...
Maquiavelo fue un verdadero patriota. Una persona honesta, fiel y leal a quien contrataba sus servicios que, a pesar de su temperamento práctico, soñaba habitualmente con un ideal: la unificación de Italia. Un hombre discreto en tiempos revueltos, de ira y caos donde las ciudades-estado peleaban unas contra otras ferozmente, se aliaban para vencer a un enemigo común o por intereses espurios y, a continuación, volvían a unirse y a confrontarse en una espiral de violencia y traiciones infinita.
A pesar de sus indudables dotes como diplomático y estratega o su hábil comprensión del arte de la guerra, Maquiavelo apenas gozó por breve tiempo de puestos de gran importancia. Siempre -ya lo dije- vivió con apuros económicos y su ingenio y agudeza lo hicieron el hombre ideal para encomendarle misiones difíciles en las que la mayoría de las veces, se encontraba en segundo plano tras el embajador oficial o un funcionario de mayor lustre. Sin embargo, y aunque fue incluso torturado, no perdió nunca su sentido de lealtad.
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