Un vampiro
Dejo a continuación un nuevo videavería dedicado a un futbolista tan espectácular como polémico, tan elegante como maquiavélico. Un vampiro: el gran...
En cierto sentido, los porteros son el entrenador en el campo. O más bien, el psicólogo. Pero no un psicólogo plácidamente sentado sino en riesgo. En peligro. Un señor que vive con el miedo perenne a ser traspasado, rebasado. Lo que indudablemente, ha de afectarlos de algún modo e imprimirles carácter, al diferenciarlos ampliamente del resto de jugadores.
Un portero es, en cierto sentido, un condenado a muerte. Un chivo expiatorio. Vive con la certeza de que, antes o después, tendrá que recoger el balón de entre las redes. De que está sentenciado antes de entrar al campo. Vive con una soga atada al cuello. Con una cicatriz. El resto de jugadores tiene objetivos pero el portero, la seguridad de que un día u otro llegará su castigo. Y si su error ha sido muy grave ni la más eficaz y bella de las paradas le permitirá enmendarlo. Por lo que suelen ser gente recia y grave. Y tienen fama de fuertes porque probablemente, su posición es la que más valentía y determinación exige. Y también, algo de locura. Pues, en cierto sentido, viven alargando su sufrimiento y sus probabilidades de fracasar son muchas más que las de triunfar. Razón por la que creo, sin dudas, que su puesto es el más humano y el más absurdo. Una demostración de que el oficio de hombre nos aboca a encontrarnos siempre en el alambre. Y por lo general, mucho más cerca de la tragedia que de las mieles del éxito. Shalam
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