En las nubes
Hace unos días escribía sobre la librería Pynchon & co. pero esta no es la única en la que he estado últimamente y me ha hecho sentirme bien....
Los versos de Cernuda pueden gustar o no pero son verdaderos. Aunque hay que diferenciar dos Cernudas. El de antes de la Guerra Civil. Un poeta que necesitaba creer que deseo y realidad podían unirse aunque ya sospechaba que no sería posible. Un poeta juvenil e inmaduro que yerra y deslumbra por igual y aún busca su voz. Y el que pasó sus últimas décadas de vida en el extranjero y ya nunca regresó a España. Este último es el Cernuda soberbio. El poeta austero y negro como un lienzo de Goya, que mira con desdén a su país y compatriotas. Un Cernuda que ya sólo se ocupa de un tema: la muerte. Y llena los poemas de lúcidas reflexiones filosóficas que sorprenden por su sencillez y hondura. Cuando Cernuda odia o se queja, comprendemos esos odios y esas quejas. No vemos la llama. No sentimos la flecha impactando en el cuerpo de sus enemigos sino el sufrimiento de su alma. Las cicatrices de un hombre que vagaba por el mundo como si fuera el padre de Hamlet. Un fantasma consciente de que ya nunca sería feliz y que, de vez en cuando, dejaba testimonio de sus experiencias. Sus reflexiones. Sus viajes interiores.
Cernuda alcanzó la maestría cuando consiguió elaborar agudas reflexiones sobre sus circunstancias vitales. Cuando convirtió su exilio en tema metafísico personal y universal. En sus últimos libros, su voz suena solitaria y lejana pero lúcida. Sabia como ninguna. No hay dudas de que sus compañeros de generación tenían muchos conocimientos literarios. Los poetas del 27 sabían de poesía pero tal vez no tanto de la vida.
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