Submarinos (3)
Dejo a continuaciónun nuevo avería sobre submarinos. El cual recomiendo leer escuchando el tema central compuesto por Richard Smith para la versión...
Hay tantas escenas inolvidables en las novelas de Aira que no le tengo demasiado en cuenta el que en ocasiones, nos ofrezca textos inacabados o un tanto descuidados. Uno de estos últimos es Cómo me reí y aun así, aunque sea por lo intenso de su escritura y los giros argumentales que de tanto en tanto se suceden, puedo decir que me ha entretenido más que la mayoría de los libros que leo.
Escribir bien, escribir bien. ¡Qué tortura! ¡Escribir bien debe ser lo más parecido a una maldición! Una regla o canon impuesto por la burguesía y el Estado que ha terminado convirtiendo a los escritores en funcionarios o burócratas y ha contribuido a destrozar la creatividad. Esto nos lo enseñó Thomas Bernhard y, a su manera (mucho más festiva y liviana), también lo hace Aira. Un escritor que sería capaz de romper los esquemas a Tristan Tzara si se levantara de su tumba y por lo general, construye obras hilarantes que sólo pueden entender en toda su complejidad los estudiosos de la literatura. Porque es un artista que vive por y gracias a las contradicciones. Un pez que nada en tierra y se ahoga en el mar que se niega como los espíritus libres a ser clasificado o encasillado. Un eunuco, en definitiva, que folla más que nadie. Casi que se pasa la vida entre monstruos y fantasmas, sorteando los peligros de la existencia sobre esa deslumbrante alfombra mágica que es su literatura. Shalam
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