Los miércoles, milagro (2)
Dejo a continuación el segundo avería dedicado a las ya tradicionales remontadas del Madrid en Europa. Tengo pendiente por cierto uno nuevo en el...
El Mundial de fútbol une al mundo y a los países pero no sé si lo hace como ritual o como marca. Si de la manera en la que lo logra una prueba de fuego o una obra de arte catártica o en la que lo consiguen marcas de ropa como Nike o Adidas o de comida como Doritos o McDonalds.
Un Mundial debería ser una cita única. Casi divina. Por lo que tendría que celebrarse al menos un mes después del último partido internacional y un mes antes del siguiente. Entre otros aspectos, porque es la forma más pacífica de dirimir los conflictos y rivalidades entre naciones. En verdad, no respetar su excepcionalidad es, en cierto modo, una declaración jurada de que los países han perdido fuelle en el mundo global. Y de que ya no importa tanto quién lo gane sino quién gana con el evento. Los beneficios a repartir. Porque aquello que, en última instancia, se dirime ya no es tanto qué nación juega mejor al fútbol sino cuánto dinero se puede extraer de los bolsillos del público. Shalam
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