Los problemas del ruido
Apenas he trabajado dos días en Ruido del arte y ya comienzan a acumularse dificultades. La principal de ellas radica en que, antes de referir su...


Llegados a un límite, los acontecimientos se precipitan. Y cada abrazo y beso a una madre tiene cierto olor a urgencia. Puede ser el último. Pues cada día se acerca el ocaso. El fin. El momento de la revelación. Por lo que estoy escribiendo un pequeño diario que me ayude a sobrellevar el trauma cuando se produzca. Lo empecé de esta manera: «Mi madre va a morir. Es mi madre la que va a morir. Quien va a morir. Algo que me resulta tan increíble que de tanto en tanto, suelo contemplar álbumes de fotos antiguas. En la mayoría de ellos aparece sonriendo. Existe cierta despreocupación en sus gestos. Más alegría que bondad. Más inconsciencia que sabiduría. Parece feliz. En las más antiguas, se encuentra rodeada de sus padres y hermanos. Más tarde, aparece junto a sus amigas. Y luego junto su marido, su hija y finalmente, yo. Se diría que el tiempo transcurre con levedad en la mayoría de estas instantáneas. Que no existe y es una mera ilusión. Pero sí que lo hace. Basta mirar estas fotografías y luego a mi madre en la vida real para saberlo. Para preguntar en voz alta: «¿es esto el paso del tiempo? ¿es esto el paso del tiempo?» Y contestar afirmativamente, sin ningún atisbo de duda, que no sólo existe sino que es nuestro amo y señor.» Shalam
Mis mejores deseos para tu madre, Alejandro.
Muchas gracias