Música para guerreros y perros
Cuando se lleva a cabo una obra sobre un personaje tan intenso, excesivo y bestia como Mario Bellatin, es de suponer que la banda sonora utilizada,...
Hace unos días, por ejemplo, murió un político a manos de una ciudadana y no puedo evitar pensar que si esa señora (que, al parecer, tampoco era en absoluto ejemplar) hubiera tenido la posibilidad de crear para desahogar su ira por las perrerías que había sufrido, no habría cometido un acto tan atroz. Se habría podido contener puesto que habría hallado una catarsis real a su sufrimiento que le hubiera servido como sostén para enfrentar las injusticias y, sobre todo, las burlas e indiferencia que tuvo que soportar por parte de aquella alcalde, concejal o váyase a saber qué cargo ocupaba. Yo, de hecho, creo que si no pudiera escribir, estaría actualmente pensando seriamente en tomar un arma. Y por eso no estoy a favor ni de la víctima ni de la asesina. En esencia, comprendo aquello que sucedió sin por ello justificarlo. Al contrario, entiendo que es denunciable. Pero no puedo evitar preguntarme, ¿Qué hacer si el estado coarta nuestra libertad, intenta someternos y manipularnos, nos niega derechos y si puede nos deja en la calle y encima se complace en todo tipo de perversiones? En mi caso, la respuesta es clara por el momento: escribir. Pero no puedo evitar preguntarme ¿cómo podrá soportar este atentado quien no sepa ni pueda, por motivos económicos, dedicarse al arte? Entiendo que la respuesta violenta no es la mejor respuesta pero frente a un asesino (el estado moderno) que nos viola (simbólicamente) constantemente, ¿es la respuesta pacífica la adecuada? Supongo que se me permitirá al menos que lo cuestione.
De hecho, si finalmente me decanto por una respuesta pacífica será tras haber calibrado todas las posibilidades de actuar. Haber ejercido mi libre capacidad de decidir tanto para contrarrestar al estado con más violencia como para dejarme asesinar por él lentamente y gota a gota como le está ocurriendo a miles de ciudadanos, a quienes admiro aun más si cabe porque sin tener el arte para desahogarse y habiéndolo perdido (casi) todo, todavía no toman las armas, creen ciegamente y con el corazón en que las palabras y su lucha silenciosa pueden provocar el derrumbe de los opresores y provocar un cambio a esta onerosa situación de la que tal vez únicamente nos salve la naturaleza. Los rugidos, terremotos y maremotos a través de los que la Madre Tierra nos podría hacer tomar conciencia de la necesidad de frenar este ritmo de crecimiento y desarrollo antinatural e infame ya sea pacífica o violentamente. Pero frenarlo de una vez y para siempre y jamás. Shalam
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