Acorralado
Nada es casualidad en este mundo. O tal vez todo lo sea. ¿Quién sabe? Yo me inclino a creer que el caos gobierna y a través de sus gritos y ruidos...
No obstante, y a pesar de que soy de los que gozan con la propuesta de Van Sant, he de reconocer que para mí la película se sostiene por dos inconmensurables escenas. Para mí, Last days es, ante todo, esas dos escenas. Una en la que dos apuestos, limpios y jóvenes predicadores de la iglesia de Jesucristo explican su fe en la mansión de Cobain a los amigos del músico de Nirvana, dando detalles acerca de las razones por las que no utilizan vino como sustituto de la sangre de Cristo en sus ceremonias. Y otra segunda que, además de relajarme, consigue por lo general que me carcajee a lo grande.
Me refiero a la protagonizada por el gran Thaddeus A. Thomas. Un siervo del capitalismo. Uno de esos obreros que hace rodar sus engranajes.
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