Los 100 mejores discos del Siglo XX
Hace más de una década me propuse llevar a cabo un proyecto que me parecía sumamente sugestivo e interesante. Me refiero a la confección de un libro...
De verdad que no alcanzo a saber. A veces pienso que me he convertido en un creador (si no es que esta palabra me viene grande) transparente. El Anti-Lautreamont. De hecho, cuando leo los escritos de mis compañeros de generación, tomo conciencia que contienen ciertas frases, aforismos o sentencias que yo ya no escribiría porque pienso que son en exceso complejas y podrían confundir a los lectores. Apartarlos del texto, de su posible embrujo, y su discurrir libre y rápido sin accidentes. Algo que hace años ni me habría planteado, me dijeran lo que me dijeran quienes me leían o escuchaban.
En realidad, lo que me fascina (me parece que envidia no es la palabra justa) del ámbito musical es su capacidad de transmitir aquello que desea con un lenguaje que no necesita ser entendido. Punto. ¿Qué quiere decir un riff de guitarra? Lo sabemos sin necesidad de palabras. Y esto me parece maravilloso y, a su vez, absorbente. Algo lógico pues ahí radica en gran parte el misterio de la música: en el hecho de que no necesita explicarse para hacerse entender. Y por el contrario, la mayoría de escritores deben ser muy precisos para transmitir su mensaje, pues de no ser así, los lectores perderán interés en la historia que nos narran al percibir sus flecos sueltos sin mucha dificultad.
Sobre este último tema, por cierto, hay mucho material en México. Cada sábado suelo ir al temazcali de don Felipe, un huesero que limpia almas y conciencias, y acostumbro, si surge la ocasión, a quedarme allí, tras el baño espiritual, conversando por horas con algunos de los asistentes a la ceremonia. El diálogo último no tuvo desperdicio. Unos hablaron sobre el pasado acuático del hombre. Lo triste que resulta que hayamos olvidado la época en que vivíamos bajo las aguas, siendo amigos de los delfines y ballenas. Y otros, se refirieron a sus variadas experiencias con vidas extraterrestres. En concreto, don Manuel habló de su diálogo con uno de ellos y el mensaje que le dio: la necesidad que tenemos de cultivar semillas ante el posible cambio y destrucción del planeta si continuamos actuando de la misma manera. Por otro lado, don Javier refirió sus técnicas para luchar contra las envidias de las personas: unas tijeras abiertas frente al espejo, un trozo de cuarzo, sábila y una flor eran suficientes para contrarrestar los embrujos o malas energías emitidas por cualquiera de nuestros enemigos.
Dentro de una semana, en todo caso, llegará el momento de la verdad, darle el aspecto definitivo al libro, y de saber si la historia me fascina, seduce y atrapa finalmente. Pues será entonces, cuando apenas me tenga que ocupar de sus aspectos formales, que sus deslices, intenciones y recorridos se me muestren en su totalidad de una forma que hasta ahora no se ha producido. Y que acaezca ese instante santo entre el libro y el escritor, la montaña y su hacedor, en el que, sin dejar de reconocerse el uno en el otro, mirándose de frente, cara a cara, sin recelos ni ira, los dos admitan que deben separarse definitivamente. Pues ha llegado el momento de romper el cordón umbilical, y que cada uno continúe realizando el trabajo para el que ha sido creado. Shalam
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