El antiego
Manuel Abad y Lasierra, Fulgencio Afán de Ribera, Alonso Antonio Cuadrado Fernández de Anduaga, Francisco Alvarado, Nicasio Álvarez de...
Recuerdo perfectamente que me pareció un error la brevedad de aquel primer cuento de Todas mentiras. ¿Por qué? Porque era tan divertido y estaba tan bien expuesta la delirante situación allí narrada (a la que podría aplicársele el adjetivo de kafkiana de no ser porque frente a la realidad burocrática hispanoamericana cualquier libro del escritor checo palidece hasta casi parecer infantil) que daba para exprimirla más. Mucho más. Sin embargo, con el paso del tiempo, creo que lo pensé un fallo, en realidad, era una virtud. Menos es más. Creo que esa es una máxima convertida en característica y regla del decálogo de cuentista de Inclán.
Yo creo que lo que menos me importa de los cuento de Paco Inclán es lo que ocurre en ellos. Bueno, no exactamente. El argumento obviamente posee una importancia fundamental. Pero casi lo que más me interesa es por qué esos personajes actúan como lo hacen, se encuentran en uno u otro lugar y han tomado el rumbo actual de su vida: ¿Por qué la vida es cómo es?
La mayoría de personas, al contemplar esta fotografía, se fijarían en el carro azul. Creo que Paco Inclán lo haría en la escalera del fondo: qué hay allí y adónde da. La historia del primer o el último propietario del lugar podría aparecer en uno de sus cuentos y, de no hacerlo, se la sentiría presente en cualquiera de ellos. Yo, por ejemplo, puedo escucharla perfectamente a lo largo de los ingeniosos textos dedicados a Cuba en Dadas las circunstancias.
Hay escritores que se pelean contra el mundo y otros contra su máquina de escribir. Algunos contra la inteligencia y otros con los críticos. Creo que Paco Inclán es de los que se pelean constantemente con la realidad. Puedo percibir que ha habido un trabajo no sólo lingüístico para elaborar estos cuentos. Un combate de boxeo con sus experiencias. Por eso sus cuentos no son narraciones al uso. Son más bien, retales. Pasajes. Apurando más aún, anécdotas. Estampas vitales. Ha golpeado tanto para hacerlos que, finalmente, sólo queda la savia. El jugo. Lo demás es sudor de escritor. Biografía. Se queda en casa.
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