Contraportada
A continuación, dejo la contraportada de Bruja. Mi intención es que provoque pánico al leerla. Que, desde el primer momento, el lector sienta que se...
Existe en Patricio algo crudo que ha de haber sido domado, educado por la cultura a lo largo de los años. A pesar de que tengo trato con él desde hace muchos años, nunca he sabido bien sus orígenes. No me ha parecido pertinente preguntárselo. Pero me lo imagino criándose en un hogar humilde. Creciendo y sobreviviendo con un menú disperso de carne seca, patatas cocidas, libros sucios, viajes a destiempo, agrestes conciertos, flamenco puro y pintura obscena.
No sé, ciertamente, si Patricio ha escrito alguna novela grande pero sí sé que, uniendo varios fragmentos y capítulos de varias de ellas, sale un libro bastante interesante. Más aún, si a esos textos les unimos algunas de sus crónicas periodísticas. En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que su gran novela es su vida. Las fotografías de su juventud son, por ejemplo, un mapa salvaje de los últimos años del franquismo y el «destape» cultural vivido durante la Transición. Un testimonio tan honesto como un disco de Triana de lo que significó ser joven y rebelde durante los años 70 y 80.
Creo, en cualquier caso, que su gran virtud es que nunca se ha tomado en serio a sí mismo. Hoy en día, por ejemplo, en que la palabra escritor no remite a un oficio ni a una prosa exuberante sino a una carrera por la fama y los contactos, Patricio ha conseguido algo realmente muy difícil. Que no sólo no me fatigue verlo citar sus libros en facebook una y otra vez sino que desee que lo vuelva a hacer. De hecho, siempre aguardo con alegría sus entrañables menciones a sus novelas. Porque hay algo en él, repito, puro y salvaje. Crudo. Pasajero. Es de esas escasas personas que ha logrado ser un cronopio tanto en la vida real como en la virtual. Shalam
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