El lector es vuestro esclavo
El mundo de la cultura no se libra de ciertas supersticiones. Una de ellas sería la obligación que, aparentemente, tiene el lector de leer un libro...
Rubén Darío levantó un imperio de fantasía lingüística con este libro. Desde la dedicatoria, reconocía todas sus deudas a la literatura francesa. Sin Víctor Hugo, la literatura romántica y el simbolismo, Azul no existiría. Pero, como los grandes creadores, el escritor nicaragüense condujo esas influencias hacia otro lugar. Construyó su propio e inimitable mundo que no tardó en producir un estallido a su alrededor. La prosa de Darío era pura poesía. Un hilo del velo de la Diosa Maya. Un perfume que casi se podía oler. Una fragancia mezcla de pachuli y aceite. Era una prosa llena de los resplandores y anocheceres propios de la lírica francesa noctámbula y escapista pero también digerible, casi bebible como un brebaje de las culturas indígenas americanas. Una prosa digna de ser entonada en voz alta con acompañamiento de laúd y violines en palacios de condes y duques de la vieja Europa y de disolverse como volutas de humo entre las ensoñaciones de las habitaciones de niños burgueses.
Lo genial de Azul radicaba en lo bien que combinaba los impulsos antes citados. Esa idealización extrema que superaba y trascendía el carácter trágico y suicida de la literatura romántica mostrando el color de los cielos y elevándose por abismos donde múltiples almas artísticas se habían despeñado y ese tono agrio y escéptico, casi lloroso, con el que describía el mundo real como una violenta reja preparada para destripar vocaciones, coartar ilusiones e imponer el tiempo industrial como el único y total.
Me parece muy sintomático que Rubén Darío publicara Azul en Valparaíso en 1888. Todos los que hemos estado en esa ciudad chilena sabemos que su atmósfera embriagadora es parecida a la de un cuento. En medio de sus rampas empedradas que cercan los rieles del puerto no parece transcurrir un tiempo normal sino el de la fábula. Un tiempo interno que provoca todo tipo de fantasías internas que el libro del escritor nicaragüense sacó a la luz. Puso de relieve intentando imponer la victoria de la fantasía sobre la triste y mísera realidad. Porque, ciertamente, la estancia de Darío en Chile no fue demasiado feliz. Allí tuvo acceso a los salones y palacios de recreo de una aristocracia que, en gran medida, al igual que la alta burguesía, lo ridiculizó. Pasó apreturas económicas y vivió humillaciones que en parte se pueden rastrear en cuentos como «El pájaro azul» y todos aquellos en las que la poesía era en parte laminada por prejuicios y burlas.
1ºimagen:…una gran argumento………..todo por fuera, nada por dentro………………
2ºimagen:el frente es tan importante como el segundo plano (este plano puede ser ortografia)…un dictado….
3ºimagen:…..un brebaje………… los juegos de los segundos planos y las avalanchas…….
4ºimagen:….un alto en el camino…….no hay datos para saber si va o viene……si hay datos para saber que hacia sol y estaba en territorio mudejar……..sonrisa……
1) Un lienzo de Magritte pasado por el filtro fantástico. Remembranzas de las 1001 noches. 2) Soy un hombre realista. Es mi chaqueta la fantástica. La de Michael Jackson. 3) Evanescente y onírico retrato con aires orientales que habla tanto del Olimpo como de los reinos occidentales con delicadeza. Se puede disipar en cualquier momento. Es niebla. 4) La sombra de Rimbaud es alargada. Influye tanto a los jóvenes solitarios anteriores como a los posteriores. Todo es Rimbaud desde Rimbaud.