El paraíso destrozado
Dejo a continuación un texto sobre William Blake que no entrará en Puercos porque pienso que no es lo suficientemente potente y cruel. Le faltan...
Uno de los mejores aspectos de esta novela poética es que la voz de Eugenio Sánchez Salinas se escucha nítida en todo momento. Su volcánica y sesgada narración se encuentra llena de claras referencias a la tradición lírica. Trae, por ejemplo, de vuelta y actualiza el estilo poético de Walt Whitman; en ocasiones, nos hace rememorar al heterónimo pastoril de Pessoa; y se encuentra plagada de cruces de palabras que huelen a Neruda y surrealismo. Pero lo realmente importante es que estas referencias, a pesar de que son importantes y, en bastantes casos, se encuentran bien explícitas en el transcurso y superficie del libro, finalmente quedan mudas. No importan. Son sobreseídas por una voz que las utiliza para decirse y comprenderse pero, finalmente, lo que dice, lo dice con desnudez. En cascadas de palabras que invocan el silencio al chocar con el mundo exterior. Con la naturaleza y la tierra; los árboles y los pájaros.
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