Salvador Elizondo: el equilibrista del silencio
Hace años, realicé un artículo para la revista El coloquio de los perros sobre el escritor mexicano Salvador Elizondo que, tras haber efectuado las...
Uno de los mejores aspectos de esta novela poética es que la voz de Eugenio Sánchez Salinas se escucha nítida en todo momento. Su volcánica y sesgada narración se encuentra llena de claras referencias a la tradición lírica. Trae, por ejemplo, de vuelta y actualiza el estilo poético de Walt Whitman; en ocasiones, nos hace rememorar al heterónimo pastoril de Pessoa; y se encuentra plagada de cruces de palabras que huelen a Neruda y surrealismo. Pero lo realmente importante es que estas referencias, a pesar de que son importantes y, en bastantes casos, se encuentran bien explícitas en el transcurso y superficie del libro, finalmente quedan mudas. No importan. Son sobreseídas por una voz que las utiliza para decirse y comprenderse pero, finalmente, lo que dice, lo dice con desnudez. En cascadas de palabras que invocan el silencio al chocar con el mundo exterior. Con la naturaleza y la tierra; los árboles y los pájaros.
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