La escritura y la vocación
No soy yo mucho de citar en averíadepollos. Pero he encontrado un pasaje en el último ensayo, La novela del buscador de libros, realizado por Juan...
Obviamente, el que el film de Hawks y la novela de Heinlein coincidieran en el tiempo, no es en absoluto una casualidad. Cuando lo hicieron, estaban transcurriendo los años duros del McCarthismo y los primeros de la Guerra Fría. Lo que elevaba tanto la paranoia creciente respecto al comunismo como la preocupación psicótica por la presencia de extranjeros en EUA. Siendo, desde luego, la figura del extraterrestre, un símbolo perfecto para retratar uno de los mayores miedos de la época. Únicamente que si en Hawks, el alien tenía un aspecto monstruoso, en Heinlein será capaz de adaptar el nuestro. Provocando, en mi opinión, que su talante subversivo y siniestro se multiplique infinitamente dada la imposibilidad de distinguirlo de los seres humanos «normales».
Digo, en cualquier caso, que el principal interés de la obra radica en el planteamiento que presenta (algo muy habitual en muchos títulos de ciencia ficción) porque aun y a pesar de que Amos de títeres es una novela bien construida y estructurada donde se realiza una disección nada complaciente con el poder y los distintos estamentos sociales, la narración es demasiado atropellada. No logra ahondar en los caracteres de los personajes (ni le interesa), plantea episodios dispersos y confusos como el referente a la secta de los whitmanianos y finalmente, se consume a sí misma en una especie de canibalismo autofágico. Característica, por otro lado, habitual de la literatura pulp con la que el veloz desarrollo de esta novela se encuentra, de alguna forma, emparentado, dado que se utilizan muchos de sus métodos con vistas a conseguir llamar de la manera más rápida la atención del lector medio americano sin intención de provocar excesivas reflexiones sobre el punto de vista utilizado por Heinlein. Según el cual, el individuo debería de imponer su voluntad por encima de las instituciones sociales y políticas aunque esto le pusiera al nivel de sus enemigos. Pues nada importaba con tal de vencer, ganar la batalla contra el «mal». Ni tan siquiera que los seres humanos acabáramos pareciéndonos sospechosamente a los «otros» que odiábamos y nos amenazaban.
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