Nacido para correr
No he leído una biografia menos glamurosa que la de Springsteen. Incluso músicos tan disfuncionales como Steven Adler (Guns N' Roses) han sido...
Goldsmith había ya realizado varias de sus más grandes obras maestras cuando se le encargó el trabajo, entendió perfectamente lo que se le solicitaba y su música encajó como un guante en un film mítico. Probablemente, aquel primer Alien poseyera sus imperfecciones y errores. Pero, en este caso, sólo ayudaban a hacerlo más grande. Porque en aquella obra de arte todo encajaba y no importa que le hubieran cortado una hora o añadido otra, hubiera dejado siempre un regusto, un poso especial. La sensación de encontrarnos ante una pieza trascendente, casi metafísica, pero también instintiva. Una película en la que era tan importante el sudor y dudas de los personajes como el perverso monstruo. Y todo unido, creaba un espectáculo avasallador.
Por otro lado, hay otras dos bandas sonoras de la saga alien que he escuchado bastante estos últimos días. Ambas sumamente interesantes. Me refiero a la de James Horner para Aliens el regreso y la de Marc Streitenfeld para Prometheus. La de Horner es verdaderamente perturbardora y obviamente, no puede escapar de la sombra de la de Goldmisth. Por lo que dialoga con ella y la cita y rememora, aunque es capaz de ir más allá. Consiguiendo incidir en la psicosis monstruosa y el constante desborde psíquico que supone adentrarse en el mundo alien. Y la de Streitenfeld es mucho más atmosférica. Es casi una excursión por un misterio aterrador. La preparación para un viaje nocturno infinito. Casi una transcripción del inconsciente oculto del espacio. Y, desde luego, encaja perfectamente con el tétrico mundo descrito en la trilogía del horror.
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