AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Cine E Lunas y crepúsculos

Lunas y crepúsculos

May 23, 2025 | 4 Comentarios

Hace unas semanas vi Los asesinos de la luna. Mis sensaciones son encontradas. No creo que sea una obra maestra ni tampoco una película fallida. En cualquier caso, su recuerdo ha ido creciendo con el tiempo. No tanto como para considerarla imprescindible pero sí para dedicarle un avería y realizar unas mínimas reflexiones sobre ella.

Al principio, pensé que Scorsese quería hacer algo parecido a lo que intentó Michael Cimino en La puerta del cielo. Una obra crepuscular, un lírico western sobre una América perdida, ya olvidada, en la que importaban casi más los reflejos del sol al atardecer o los vestidos de las damas en los bailes corales que los disparos y los asesinatos.

Algo de eso seguro que hay.

Sobre todo, por la forma en la que Cimino y Scorsese abordan el paso del tiempo y la atmósfera de su filme. Hay momentos en los que la pantalla pesa, minutos que se convierten en horas. Podemos sentir el calor, la ofuscación de los personajes, el sudor, el veneno que muchos de ellos toman.

La destrucción, el progresivo asesinato de innumerables miembros de la tribu de los Ni-U-Kon-Ska («hijos de las aguas medias») está narrado líricamente. Con pausas. Casi a ritmo de cine mudo. Al modo oriental. Tal vez este sea el aspecto más extraño del filme.

A Scorsese lo amamos por ser operístico y directo. Scorsese es inteligente y efectivo que no es lo mismo que efectista y sutil. Ok, sí, La edad de la inocencia desmiente la segunda parte de mi anterior afirmación. Pero supongo que nos entendemos. A Scorsese lo identificamos con Taxi Driver, Toro salvaje, Casino y Uno de los nuestros. No con su deliciosa adaptación del relato de Edith Wharton.

Scorsese es Dylan y Stones. No es Debussy. Es mucho más Jerry Lee Lewis que un sensible folkie. Así que una obra tan pausada y poética como Los asesinos de la luna puede desconcertar. Seguro que muchos de los habituales fans de Scorsese nunca llegaron a entrar en la trama: la masacre cometida a principios del siglo XX contra un pueblo aborigen (los Osage) en cuyas tierras brotó petróleo.

¿Qué ocurre aquí? Que, en realidad, el Scorsese de Los asesinos de la luna está más cerca de Kurosawa y de Ozu (de los grandes maestros del cine japonés) que de John Ford, Howard Hawks o esa especie de oscuro western urbano llamado Taxi Driver.

A ver. No quiero ser malentendido. Obviamente, Ford y Hawks se encuentran presentes en Los asesinos de la luna porque no hay un solo filme de Scorsese en el que, de manera escondida o abierta, ambos titanes no estén (ya sea espiritualmente o ya sea con sucintos homenajes en determinadas escenas). En realidad, no existe una sola película occidental con aroma a western (o anti-western) en la que Ford y Haws no aparezcan (aunque sea al fondo).

Creo que eso está más que claro. Allá donde va Scorsese van también Ford y Hawks. Scorsese se los tiene tan estudiados a ambos que es imposible que en alguno de sus filmes no los cite (aunque sea de manera inconsciente). Eso, por tanto, ya lo damos por hecho.

Dicho esto, creo que lo que desea Scorsese es filmar esta historia en concreto como lo hubiera hecho Kurosawa de ser norteamericano. Ese es el espíritu de este filme crepuscular. El de Kurosawa. Otro tema es el desarrollo de ciertas escenas. Concretamente, ahí creo que Scorsese se refugia en Ozu, en el cine mudo y, sí, aunque parezca una herejía, también en Robert Bresson. Y es precisamente por esto por lo que los habituales seguidores de Scorsese quedarán un tanto descolocados al contemplar un filme que aspira más a ser un haiku o un poema sobre el medio Oeste que una canción de los Stones o de los New York Dolls.

Si nos fijamos, en El irlandés ya había algo de esto. En aquel filme Scorsese no sólo nos hablaba de la vejez de un gángster como no lo había posiblemente hecho nadie hasta entonces. Nos hablaba, a su vez, de su propia vejez. Del modo en el que se iba a aproximar al cine a partir de ahora. Scorsese nos estaba diciendo que su corazón ya no latía a pulso rápido. Ya no podía (más bien no quería) filmar asesinatos y muertes a ritmo de riff de Keith Richards. Ahora tocaba hacerlo a un ritmo pausado, como quien sueña en duermevela con el pasado de su nación (y de su propia vida) meses antes de expirar para siempre. Un poco por cierto lo que había contribuido a edificar en aquella incomprendida y magnífica serie de televisión, Boardwalk Empire, cuyo episodio piloto dirigió.

Es imposible por cierto pasar por alto las tres interpretaciones principales del filme. Scorsese suele sacar lo mejor de cada uno de sus actores. No es este caso una excepción. De Niro directamente se sale. Compone un papel ambiguo, rígido, centrado que está a la altura de su leyenda. Esa leyenda que sigue impoluta a pesar de tantos y tantos papeles absurdos interpretados en los últimos años. Di Caprio también está genial. Incluso sus detractores tendrán que reconocer que hay momentos en los que borda su papel. No llega a la altura de De Niro pero se acerca, no desentona.

En cualquier caso, convendremos que la estrella del filme, quien se roba cada una de las escenas en las que aparece, es la deliciosa Lily Gladstone. Su interpretación es por momentos sobrenatural. Tal vez no vuelva a hacer ninguna película de este calibre. Acaso nunca vuelva a brillar tanto. Pero su imagen ha quedado grabada para siempre en mi retina. Es inmarchitable. En cierto sentido, su sorprendente interpretación me recuerda a otra que me dejó sin respiración en su momento. Me refiero a la de Q’orianka Kilcher en El nuevo mundo. El soberbio filme de Terrence Malick. Un director cuyo influjo creo que también ronda en algunos momentos cerca de esta atípica película de Scorsese. Una de esas obras tan radicales en su propuesta que o logran que pasemos las mejores horas de la semana viéndola o invitan a removerse en el asiento a los espectadores. No hay demasiados términos medios. Algo que, por supuesto, me parece muy bien. Scorsese, a estas alturas, puede hacer lo que le dé la gana.

Si nos fijamos, el cineasta norteamericano nos está diciendo adiós un poco como lo hizo John Huston. Un gigante que no se despidió encañonando la pantalla sino con una obra mortuoria. Un duelo espiritual: Dublineses. Shalam

نحن جميعًا ندفع ثمن الإجراءات التي اتخذناها  في الماضي، ولكن متى كان ذلك كافيًا؟

Todos pagamos un precio por las acciones que realizamos en el pasado, ¿pero cuándo ha sido suficiente?

4 Comentarios

  1. Marcelo Oscar López Diez

    Notable te muestra como los EEUU destruyeron una nación, la indígena después de destruirlos con el rifle los destruyeron del todo con normas jurídicas que ayudaban a los anglosajones a continuar despojando a esos pueblos de todo. Que bien que estuvo Marlon Brando al decirles que se metieran el Óscar en el culo en 1972 cuando se lo otorgaron por «El padrino» a los de la academia y enviar a una muchacha indígena a decírselos. Esta película es magnífica en el sentido histórico.

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      Totalmente de acuerdo contigo. Y, por supuesto, inolvidable ese momento de los Oscar. Cuando los Oscar eran trascendentes. Brando peligroso. Gigantesco. A la altura de su leyenda.

      Responder
  2. andresrosiquemoreno

    1imagen…. te observo ……
    2imagen….la importancia de los comulgantes….localizacion y situacion puritana…….
    3imagen….merienda hibrida….europa-america……almuerzo en la hierba(edouard manet)…¿quien estaria desnuda de las cuatro abaniqueras?….pues las cuatro o ninguna…jajaj….
    4imagen….me gustas mucho indigena….
    5imagen….estos me contrarian demasiado y estoy decidido a la accion…..
    PD….en mi puño van los cinco duros bien apretados para comprar la entrada del cine (licencia)…..
    https://www.youtube.com/watch?v=5NcJvi5TYEk…..keith richards ..i´m waiting for the man (cover de louuuuuuuuuuuuuuuu)….

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) ¿Eres el hombre que creo que podrías ser? 2) El arte el buen arte es también religión. Sólo puede ser religión. De eso sabían Ozu, Bresson y Dreyer y también Paul Schrader. 3) Aquí se escucha de fondo «knocing on heaven’s door». También se ve una imagen lejana de Sam Peckinpah. El impresionismo se ha convertido en una canción folkie. Hippismo ancestral. 4) El vestido de la serpiente mesoamericana. El vestido con los colores que veía Jim Morrison cuando se drogaba. 5) Os voy a demostrar que sigo siendo el puto amo. Nadie me tose como actor. PD: es un cover impresionante.Me ha dejado KO. Richards hace suya una canción que pareciera que nadie puede hacer suya. Richards contaba en su biografía que en su juventud tocaban horas y horas y horas y horas días y semanas los clásicos del blues.. ahí los Stones sin comer casi.. sucios… Al final todo eso dio sus frutos .. hablo de arte.. claro..jajajaj también dio dinero..jajajaj

      Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Contenido relacionado

Videoaverías

Averías populares

Fat city

No cabe duda de que Fat city es una novela especial. Leonard Gardner dio la espalda al hippismo y a la era Woodstock y urdió una historia sobre el...
Leer más
Share This