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Los fantasmas de mi vida

Abr 23, 2025 | 4 Comentarios

Como cualquier persona tengo mis prejuicios. Soy de los que cuando los snobs, intelectuales o popes culturales repiten mucho un nombre, huyo del mismo. Me fascina la cultura popular. No tengo empachos en combinar a Foreigner con Gang of Four. Todo se mezcla en mi cerebro como en un caleidoscopio. Pero de tanto en tanto, sin un motivo aparente, algún nombre se me atraganta. Culpa mía, claro. Ese ha sido el caso durante años de Mark Fisher. Sospechaba de quienes lo citaban continuamente deslumbrados por tal o cual reflexión. He acabado harto de contemplar el nombre de Fisher vinculado a la palabra «hauntología» en cientos de blogs y artículos.

Soy consciente de que llego tarde. Pero el refranero español viene en mi ayuda. Más vale tarde que nunca. Hace un tiempo comencé a leer a Fisher. Uno de sus libros: Los fantasmas de mi vida. ¿Y qué puedo decir? No es que lo esté disfrutando, lo estoy devorando. Tanto me está gustando que he releído muchos de sus capítulos hasta tres o cuatros veces. ¡Son una gozada! No conozco un pensador que haya analizado con más lucidez la dimensión espectral, las resonancias filosóficas, de artistas como Tricky, The Jam o Burial. Poco a poco me estoy volviendo adicto a él.

Habiendo crecido con la Popular 1, siendo durante mi adolescencia un alocado y orgulloso popuhead, me cuesta aceptar ciertas visiones y acercamientos intelectuales a la música. Sé que yo mismo los hago en avería pero prefiero la visceralidad. De hecho, siempre intento aportar el toque amateur. No sé si lo consigo.

Para entendernos, prefiero con mucho a Lester Bangs que a Greil Marcus. Hay un trecho grande entre ambos escritores y, sin duda, elijo al primero. Lester escribía artículos parecidos a bombas y siempre era divertido y cáustico. Rebelde. Era el Fassbinder de la prensa musical. Al leerlo, uno tiene la impresión de que consumía más drogas que Lemmy Kilmister o los miembros de Led Zeppelin. Tengo la sensación sin embargo de que Marcus juega a ser el empollón del mundo del pop y el rock. Es el delegado de la prensa musical. Alguien que disfruta más con las sintaxis que con los riffs de guitarra y gusta de complicar sus escritos para distinguirse del resto.

Marcus sueña con ser citado en los libros de filosofía y ser entrevistado con profundidad en las páginas de las revistas culturales. Marcus quiere participar en Congresos. En parte, sus artículos son ponencias. Sin embargo, Lester Bangs prefería acostarse con tres mujeres y ponerse de ácido contemplando a Hankwind que lo consideraran un referente cultural. Era un hedonista con tintes autodestructivos y depresivos cuya máxima frustración era no ser un artista.

Estoy casi seguro de que Lester hubiera preferido tocar una guitarra sobre un escenario que recibir premios y condecoraciones. Bangs es el rock. Es más rockero que muchos músicos que presumen de serlo. Marcus sin embargo es un crítico que aspira a que el pop colonice la Universidad o viceversa. Disfruta más escribiendo que soñándose como músico.

Probablemente Mark Fisher se encuentre a mitad de camino de ambos. Fisher era profesor universitario. Ya estaba colonizado culturalmente. No necesitaba adueñarse de un prestigio. Más bien necesitaba canalizar sus vivencias y conocimientos. Quería desentrañar la madeja de araña urdida en torno al rock y al pop de su época. Necesitaba ahondar más en las perspectivas sobre ciertas bandas dadas en artículos de prensa en los que no se terminaban de desarrollar ciertas premisas políticas y sociales.

Tengo la sensación de que para Fisher su blog, k-punk, era un modo de no suicidarse, de conocerse un poco más a sí mismo y a su entorno.

Ayer mismo volví a leer su texto sobre Joy Division. Una obra maestra. Nadie ha entendido mejor, con más hondura, los alcances y dimensiones de la banda de Ian Curtis. Lo correcto sería citar el texto entero. Plasmar en avería el artículo completo de Fisher. Ese es posiblemente el mejor homenaje que pudiera hacerle. Pero para no abrumar, entiendo que es más razonable extraer algunas frases y párrafos que dejo a continuación.

Repito. Quien desee entender a Joy Division. El aura desgraciado que transmitían y los alcances apocalípticos de sus canciones debe leer a Fisher. Estoy seguro de que después de hacerlo, pinchará Unknown pleasures y una grieta se abrirá en su cerebro. Las arañas correrán libremente por su habitación. No sé si lo he dicho alguna vez. Pero lo hago ahora. Un reino oscuro no sería igual sin los dos discos de la banda británica. Dos Lps parecidos a mortajas y capuchas de verdugo. Cuando escribía aquella novela sonaban una y otra vez. Nadie como Fisher ha explicado lo que esos álbums significan, representan para muchos europeos.

Sí. Ok. Dejo ya a Fisher hablar:

«La melancolía era la forma artística de Joy Division. (…) Nada podría haber sido más apropiado para el comienzo de Unknown Pleasures que una canción llamada «Disorder», ya que la clave de Joy Division era el «paisaje interior» ballardiano, la conexión entre la psicopatología individual y la anomia social. Los dos significados del ataque nervioso, los dos significados de la depresión».

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«Joy Division conectó tanto no sólo por lo que fue, sino por cuándo fue. Thatcher acababa de llegar, el largo invierno gris de la reaganomía estaba en camino, la Guerra Fría todavía alimentaba nuestro inconsciente con pesadillas que derretirían las retinas durante toda una vida. Joy Division era el sonido de la veloz depresión de la cultura británica, el grito de una lenta y prolongada cancelación neuronal».

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«Lo que impresionaba y perturbaba de Joy Division era la fijación de su negatividad. «Implacable» no es la palabra. Sí, Lou Reed, Iggy, Morrison y Jagger habían incursionado en el nihilismo; pero incluso Iggy y Reed se habían visto mejorados por el extraño momento de la euforia o, al menos, en su caso había alguna explicación para la desgracia (frustración sexual, drogas). Lo que separaba a Joy Division de todos sus predecesores, incluso de los más sombríos, era la falta de un objeto o causa evidente de su melancolía. (Esto es lo que hacía que fuera melancholia más que melancolía, que siempre ha sido un deleite aceptable, sutilmente sublime, del que las personas disfrutan.)»

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«Joy Division fue el más schopenhaueriano de los grupos de rock, tanto es así que prácticamente nunca pertenecieron al rock. Dado que desnudaron minuciosamente el motor libidinal del rock, sería mejor decir que fueron, tanto sonora como libidinalmente, anti-rock. O quizás, como ellos mismos pensaron, fueron la verdad del rock, el rock despojado de toda ilusión. (El depresivo siempre está convencido de una cosa: que no tiene ilusiones.)»

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«Lo que hace que Joy Division sea tan schopenhaueriano es la dislocación entre el desapego de Curtis y la urgencia de la música, su implacable resistencia a la tonta insaciabilidad del deseo vital, el beckettiano «debo continuar» experimentado por el depresivo no como una positividad redentora, sino como el máximo horror, el deseo vital que asume paradójicamente todas las desagradables propiedades de los muertos en vida (sin importar lo que hagas, nunca podrás extinguirlos y ellos continúan regresando)».

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«Joy Division siguió a Schopenhauer a través del velo de Maya, salió al Jardín de las Delicias de Burroughs y se atrevió a examinar los horrorosos engranajes que producen el mundo-como-apariencia. ¿Qué vieron allí? Solo lo que todos los depresivos y todos los místicos siempre ven: el espasmo obsceno y muerto en vida de la Voluntad que busca mantener la ilusión de que este objeto, el que está obsesionado con el ahora, la satisfará en un modo en el que todos los otros objetos han fallado hasta el momento». Shalam

ينبغي أن يكون الصديق مثل المال؛ قبل أن تحتاج إليه، عليك أن تعرف قيمته.

El amigo debe ser como el dinero; antes de necesitarlo, es necesario saber su valor.

4 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…»de stijl»…theo van doesburg….(1883-1931)…..
    2imagen….todo en holanda y para holanda……
    3imagen….y me quedo tan ancho….
    4imagen….con aviones y laos barcos han conseguido esto….vaya «groupies» tan feicas….toman fantas y van de merienda africana…
    5imagen….un suceso individual(sanidad)….
    6imagen….si tengo motivo……
    7imagen….transformacion de dos balcones….uno es un puente el otro esta pegado a la nieve……
    PD….harry styles…watermelon sugar…las señoritas de avignon…
    https://www.youtube.com/watch?v=pw02_zg7Zow…..ceramica iberica sigilis vegetales en la correa….candelabros en las orejas..y los años 60´en la bateria…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) No lo conocía (o tal vez sí) pero encaja perfectamente. Creo que también debió ser una gran influencia para Peter Saville. 2) El Universo es un libro, decía Borges. ¿Alguien le cree? 3) Soy más importante que los músicos de rock. ¿No lo veis? 4) Soy una mezcla entre Fassbinder y Lemmi Kilmister. El borracho del arte. Cuadro que hará un Sorolla de Nueva York. 5) Allí al fondo, alguien estudiando cómo hacer que la banda suene en ecos, como si tocara en una iglesia. 6) Estos no toman muchos bocadillos de jamón. ¿Estamos en la posguerra o venimos de ella? 7) El frío, el delirio de la soledad. PD: hermosa interpretación. No es precisamente lo que busco ahora mismo ni lo que suelo escuchar pero es muy buena. Cualquiera puede sentirse allí dentro. Familiar.

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  2. Marcelo Oscar López Diez

    Hola Alejandro coincido contigo, me agrada cuando piensa su cultura desde el camino de la música que se sucede como todo en las sociedades capitalista como productos hechos en un McDonald creo que Fisher en el fondo se tenía que dar cuenta de que debía irse de ese mundo apartarse de una vez por todas de esa falsa luz de neón que ya estaba quemada bajo botellas de alcohol y jeringuillas verdosas.

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    • Alejandro Hermosilla

      Buenas Marcelo. Posiblemente sea lo que tú indicas. Es una visión muy bella y poética. ¡¡¡Un abrazo!!

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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