AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Arte E Un bestiario

Un bestiario

Abr 1, 2025 | 4 Comentarios

Dejo a continuación un avería sobre un artista espontáneo y brutal. Divertido y místico: el ilicitano Francis Morell.

Un Bestiario.

No hace más de un mes que conozco a Francis Morell.

En las Bóvedas del Palacio Almudí (Murcia) contemplé con alegría y fascinación su obra Las vanidades del mundo. Una alegoría con sabor medieval (y cierto aliento barroco) sobre las inconsistencias y veleidades del alma humana.

Al momento se me despertó el apetito por saber más de su autor. Visité su blog y contemplé más obras suyas. Un recorrido que ha avivado mi interés por el artista. Alguien ajeno afortunadamente a las modas que convierte sus cuadros en objetos sacros y burlones, místicos y juguetones. Algo realmente difícil.

El mundo moderno es tan aséptico que ha acabado con los monstruos. Pretende exterminarlos con la corrección, el orden y la ley. No hace falta recordar cómo ha acabado siempre eso. Una frase que se ha hecho célebre y ha atravesado el tiempo nos lo recuerda de tanto en tanto: «El sueño de la razón produce monstruos».

El Dr. Jekyll desconocía las características de Mr. Hyde. Le tenía miedo y aversión. Lo odiaba profundamente. Francis Morell parece realizar el proceso contrario: dar voz al monstruo, a las bestias. Las acaricia, las saca a la luz. Nos muestra el miedo que tienen de nosotros. También cuánto desean que las amemos. Sus monstruos no son peligrosos. Es más peligrosa la indiferencia que producen que su presencia.

Las bestias de Morell nos dicen más sobre nosotros mismos que muchas pinturas realistas. Es difícil no sentirse satisfecho al verlas. Lo lógico es sonreír. Porque esas bestias son nuestras amigas. Han estado desde siempre con nosotros. Son lo opuesto a la tecnología. Pueden tener defectos pero son naturales. No es sencillo encontrarlas. Antes había que ir a los bosques a conversar con ellas. Utilizar pócimas. Ser brujo. Ahora hay que ir a los pueblos, al fondo del inconsciente, de tanto en tanto incluso aparecen colgadas en las salas de un museo o un convento. No se han ido. Nunca se irán. Son como los pelos de nuestro cuerpo. Podemos rasurarlos. No importa. ¡Volverán! Nosotros somos esas bestias. Esas bestias somos nosotros.

La impresión que tuve al ver Las vanidades del mundo en las Bóvedas del Palacio Almudí fue muy parecida a la que experimenté cuando contemplé aquel mágico filme de Jim Henson: Dentro del laberinto. Al principio de la película se desarrolla una escena en la que la muchacha que cuida de su hermano (un bebé) está a punto de pronunciar varias veces las palabras mágicas para que aparezcan los duendes y se lleven al molesto niño. Desde su caverna, desde el otro plano de la realidad, los elfos aguardan la señal para atacar, adentrarse en la habitación, nuestro mundo, y capturar al bebé.

Estoy seguro de que las bestias de Morell también estaban aguardando a que yo entrara en las Bóvedas para conquistarme. Convertir averíadepollos durante un día en una fiesta en su honor.

Muchas de estas bestias, en realidad, son más nobles que la mayoría de los seres humanos. Tienen una misión y la cumplen. No son retorcidas. Tampoco sibilinas. Son de una sola pieza. Son las mascotas del más allá. Símbolos que cuidan de nuestra cordura. Su locura es la garantía de nuestra lucidez y salud mental. Su extravagancia pone de manifiesto la estupidez de nuestro orgullo y las mezquindades de la vida cotidiana. Nosotros podemos cambiar. Ellas no. Por eso son más auténticas y verdaderas. Lo que muestran es lo que son.

Muchos de los dibujos de Francis Morell se encuentran realizados con tinta china. Y se nota. Hay una rugosidad, una textura que remite al pasado del arte, al calor simbólico, que sería muy difícil de obtener sin esta técnica caligráfica que confiere fuego, viveza, vida a las bestias. Nos transporta inmediatamente a siglos, centurias pasadas que se confunden con la eternidad. Nos transporta a monasterios, a los talleres de los artesanos, a un mundo espiritual en el que no obstante también existía la frugalidad y el hedonismo. La tinta china de Morell es tanto un sello como una puerta. Es pura alquimia. Su trazo es en sí mismo un viaje.

Lo mejor de las bestias de Morell radica en que dan la impresión de haber nacido más por instinto y afinidad, más por azar que por un meticuloso trabajo intelectual. Podrían ser comparadas con los universales junguianos pero son demasiado distintas para encajar en cualquier categoría. En eso son más bien parecidas a insectos. Trabajan, caminan, respiran, tienen sexo pero no aspiran a convertirse en símbolos. Si lo son es a pesar suyo. El escarabajo, por ejemplo, no tiene la responsabilidad de lo que han hecho los egipcios con él ni el elefante tampoco con el culto que le profesan ciertas tribus africanas. Si las bestias de Morell son universales es, repito, a pesar de ellas mismas.

Tampoco sé si es adecuado calificar a Francis Morell de artista surrealista. Si lo es es más por su pasión y devoción a sus figuras que por un meticuloso trabajo irracional. Está claro que sus bestias nos recuerdan a ciertas figuras de Dalí. También al Bosco o a Roland Topor. Hay algunas que incluso nos hacen pensar en Lovecraft. Pero en este caso yo hablaría más de hermandad azarosa que de influencias.

El influjo surrealista está ahí pero más por azar, por intuición, por confluencia de búsquedas que porque Morell lo haya buscado expresamente. De hecho, si está  y es muy presente es porque las sombras y la locura no son linderos tan desconocidos como creemos. Si a cien personas les piden que dibujen una bestia, un loco y un monstruo van a existir mucho más parecidos entre ellos que los que podríamos pensar en frío, antes de llevar a cabo el experimento.

Hay por cierto algunas bestias de Morell que también recuerdan a determinados personajes de Alicia en el país de las maravillas o que podrían haber aparecido en cualquiera de las dos partes de la obra de Lewis Carroll. Es más, tampoco estarían fuera de lugar en otro filme de Jim Henson como es el caso de Cristal oscuro.

Las bestias de Morell poseen esa cualidad. Parecen ser capaces de ponerse a hablar y caminar en cualquier momento. Podrían aparecer en un cómic, un cuento infantil o protagonizar una narración romántica. Tampoco desentonarían en un relato de terror de Maupassant a pesar de que no son precisamente aterradoras. Son cachos de pan. Tiernos pedazos de pan que interpelan directamente a nuestro corazón. Su maldad, de hecho, no parece suya sino nuestra.

Lo dije al principio. Morell es sacro pero también burlón. Místico pero, a su vez, juguetón. Eso no es sencillo. Nunca lo ha sido combinar la blasfemia y la sátira con la religiosidad. Pero de alguna manera su bestiario lo logra. Pues por un lado nos entronca con el espíritu medieval, el ámbito de los juglares y de aquellos monasterios plagados de libros alquímicos e imágenes aleccionadoras de monstruos de raigambre bíblica. Y por otro nos familiariza con el espíritu carnavalesco, profano y blasfemo.

Las bestias de Morell son sacras pero son sacras por ser bestias, por ser profundamente animales. No por ser religiosas. Porque pecan y, a pesar de su inocencia, poseen un toque maligno que las hace temibles. Porque, en el fondo, son ingobernables. Los seres humanos pueden intentar imitarlas pero nunca alcanzarlas. Por eso ejercen fascinación. Por eso son también fruto de atracción. Porque remiten a las grandes fuerzas de los océanos y de las grutas, enterradas bajo tierra y enormes cuevas. Son fuerzas ancestrales y simbólicas que nunca desaparecerán porque si lo hacen será porque nos hemos ido nosotros detrás.

Tengo la impresión de que Francis Morell pinta con actitud de chamán. No busca premios ni reconocimientos. Se mete en el estudio como el cazador que corre o camina por el bosque con una lanza o como si fuera el encargado de encender el fuego de una hoguera. Es un artista al modo primitivo. No busca tanto el dinero, vender la obra, como encontrar a los espíritus hermanos, comunicar con el verdor desconocido o encontrar un medallón. Me atrevería a decir que Morell aspira a pintar sus cuadros como si fueran trozos de pared de una catedral gótica y un monje le hubiera encargado decorarla inspirándose libremente en las imágenes oníricas del infierno. Shalam

سواء أتيت من الجنة أو الجحيم، ما الذي يهم؟

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa

4 Comentarios

  1. Francis Morell

    Siempre digo que tengo la suerte de que hacéis vuestros mis dibujos, en cuanto los veis …
    Absolutamente agradecido

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      Tienen esa fuerza instintiva que los hace viscerales amantes de los espectadores. Muchas gracias a ti.

      Responder
  2. andresrosiquemoreno

    1imagen….letra capital….la señora guirnalda(con tetas africanas)…
    2imagen….bicicleta pinocho con medias marie claire y tacones….
    3imagen….cojonudo….rectangulo y rueda….no hace falta que te subas al cactus para reproducirte…..eres j.michel basquiat….
    4imagen….el pueblo de picasso (jonas)….(horta de san joan)…
    5imagen….el mas escatologico de todos (en el oceano indico) un amante fantastico de plastico….
    6imagen..el barco de la patata se transforma en el pico del aguila.
    7imagen..metamorfosis japonesa..queridos amigos soy pacifista.
    8imagen…que remedio soy un mono…ahora si…soy maguila gorila….
    9imagen…elefante, el octavo pasajero y alimento cangreburguer con leche….
    10imagen…azul klein (yves)…me compre unos zapatos orientales.
    11imagen…el señor canguro ha sido padre en la india….
    12imagen…nunca pense que el cantil fuera tal alto…….
    13imagen…merienda de monstruos, fenomenos y maravillas en la edad media(ed.akal…claude kappler..28€)….
    PD…este viaje embrionario y jefferson airlaine «surrealistic pillow» 1967 le gustara a francis morell (tiene nombre de doctor de monstruos)….
    https://www.youtube.com/watchv=kkGorSGbMvs&list=PLzEG2f9QAl8OaEk6_Mz2gG3DXBImWofzm&index=9……alicia te sonrie….

    Responder
  3. Alejandro Hermosilla

    1) Piñata de pescado y frutas en castillo medieval con pescaditos. Menú de monasterio barroco. 2) El ciclista como el nuevo Sísifo. La paradoja de las plantas. 3) Sátiro oteando el horizonte buscando muchachas con las que pernoctar. 4) Pescado con alma quijotesca. Perseguido por sus sueños. 5) El Bosco se niega a pintar como lo hacen los artistas del siglo XXI. 6) Marido y mujer. Se quieren. Se vigilan. Obligados a convivir. ¿Cómo lo harán? 7) La oreja de Dalí. ¿Qué tiene que decirme el siglo XXI? 8) Trucha de dos caras que se quiere hacer la terrible pero sabe que no pasa de tonta. 9) Me gustaría ser Alien y no llego ni a cangrejo de espectáculo de feria. Los niños se ríen de mi. 10) Monstruo maya. Persigue españoles y devora el tiempo europeo. Está perdido en un limbo. 11) Situado en el punto justo para interrogar a la niña Alicia sobre lo que ha merendado la pasada mañana. 12) Homenaje a El verdugo. 13) Yeah.. sí.. hermoso bestiario. Episodio de Jonás y la ballena transmutado por varios escribas que han tomado una poción alucinógena. PD: el enlace no se ve pero puedo suponer que es la mística canción de Jefferson Airplane. Hace poco me enteré de que Jefferson Airplane pasaron a ser Jefferson Starship. ¡Qué cosas! ¿no? Lo que hay que hacer para adaptarse a los tiempos.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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