AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Literatura E Resaca

Resaca

Ene 2, 2025 | 4 Comentarios

La verdad es que, tradicionalmente, el primer avería del año es el que más me cuesta. No porque yo quiera o desee hacer uno especialmente trascendente sino debido a la resaca. El alcohol y la escritura tal vez hayan hecho buenas relaciones a lo largo de la historia pero ese no es mi caso. Yo al menos necesito estar sobrio para dar lo mejor de mí mismo. El alcohol lo más que logra es inmiscuirse en mis pensamientos internos, aturdirme y dejarme fuera de juego por varias horas. Provocar zozobra.

Desde luego, no pienso con mayor lucidez cuando bebo. Lo hago con mayor torpeza. Por supuesto que ha habido días en los que las drogas y el alcohol me han llevado por caminos gloriosos. Pero, a decir verdad, han sido los menos. Muy pocos. Todos, eso sí, grabados a fuego en mi vida. Tampoco digo que, de tanto en tanto, una copa de vino o un vaso de whisky no me ayuden a desengrasar en algún que otro acto público. Eso es cierto. Pero más como algo esporádico o anecdótico que como norma. El alcohol, las drogas no pueden, no deberían ser costumbres rutinarias. Entre otros motivos porque, de ser así, es muy probable que se terminen convirtiendo en adicciones. Y las adicciones suelen ser problemáticas. Tengo la impresión, por ejemplo, de que Malcolm Lowry hubiera terminado antes y mejor Bajo el volcán de no ser por sus sempiternos problemas con el alcohol. Lo que no sé es si el mito Lowry hubiera sido tan grande.

A estas alturas, de hecho, Bajo el volcán es, en gran medida, más un mito que una novela. Lo que genera a su alrededor el libro es más importante que su lectura. Cuando lo leemos, no lo hacemos vírgenes, lo hacemos con un litro de mezcal en nuestro cerebro y nuestro temperamento crítico sometido por la leyenda que se ha creado alrededor de la novela.

El mito del escritor alcohólico fue generado por la Ilustración, comenzó a tomar forma con el romanticismo, llegó a su paroxismo con el simbolismo (Rimbaud, Verlaine, Baudelaire) y luego, tomó visos de icono e idolatría pop en el siglo XX merced al auge de la literatura beat, el rock y el jazz.  Pero esto es sólo una impresión. No he estudiado el tema a fondo. Supongo que estoy siendo demasiado impreciso.

Obviamente, como todo mito, el del escritor alcohólico tiene al menos dos vertientes que, en gran medida, se oponen. Por un lado, el escritor alcohólico es un héroe que se enfrenta al mundo de las máquinas y al de la burguesía, a los horarios y a las industrias. Pero también, ¿para qué engañarnos? es un fracasado. Alguien que no más que araña y le hace cosquillas al poder. El escritor borracho es la viva prueba de la irrelevancia de los escritores en nuestros tiempos. Alguien que no va a cambiar nada y puede dar gracias si dos o tres lectores le ríen las gracias o puede acostarse con una admiradora tras una firma de libros.

El escritor alcohólico es un mito heroico porque su fracaso es absoluto. En eso, desde luego, sí que triunfa. En su derrota total. Si a  alguien le conviene que los escritores beban y se droguen es al poder. Ante todo, porque la lucidez de las primeras copas termina derivando en desorden y autodestrucción. Los hay como Bukowski que, de sus llagas, lograron crear demoledores retratos de su alma rota. Para Faulkner, el alcohol era como fichar para el oficinista. Y hay ciertos escritores como Onetti cuya obra no se puede comprender sin el alcohol. No porque sus personajes sean todos borrachos (algunos hay) o el mismo Onetti fuera un obseso de los tragos (aunque no solía escribir alcoholizado) sino porque el mundo que retrató era tan amargo como la quinta o sexta copa de ron barato y tan sucio como la masturbación de un preso. Pero casi todos estos escritores alcohólicos (y otros tantos que no he citado) tenían algo en común. No eran demasiado peligrosos ni incómodos para el poder. Eran fácilmente ignorables. Y si, en algún caso, se revolvían más de la cuenta y decían unas cuantas verdades, siempre se podía hacer una caricatura de ellos, profundizando en el mito romántico, la leyenda del santo bebedor, el escritor sátiro que crea inspirado por los demonios, el mártir de la industria. Shalam

بعض الناس لا يصابون بالجنون أبدًا. يا لها من حياة فظيعة يجب أن يعيشوها!

Algunas personas no enloquecen nunca. ¡Qué vida tan horrible deben tener!

4 Comentarios

  1. Marcelo Oscar López Diez

    El aliento del diablo en forma de elixir divino, pero con la contradicción de que el cuerpo se consume baso a baso…

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    • Alejandro Hermosilla

      A la corta, el cielo. A la larga, el infierno. Como siempre, en el equilibrio y la moderación está el arte. Pero ¿se puede ser equilibrado y moderado en la vida?

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  2. andresrosiquemoreno

    1imagen…gran trompetista….
    2imagen…mi querida orilla, estoy hecho un desastre……
    3imagen…rebosante de energia….
    PD..lilian de celis…vino tinto con sifon….un foxtrot legendario…
    https://www.youtube.com/watch?v=Nekl6swdN6g…..agua de solares piden de beber….sonrisa de los hermanos pizarro….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) El biberón del oso. 2) la desesperación de los osos 3) Vivir bebiendo y follando es el mayor éxito. ¿A que sí? El oso vividor. PD: jjjaaa. sonrisa de medio mundo. Descaro e inocencia. Posible banda sonora de un filme de Edgar Neville.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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