Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Ayudado por los hermosos, sensuales y apastelados dibujos de la que luego sería su esposa, Melinda Gebbie, Alan Moore incrusta a sus personajes en medio de innumerables sueños lúbricos y delirios sexuales opuestos a la guerra que se desarrolla a su alrededor; producto en cierto modo de la represión de las pasiones y la manipulación de las voluntades. Consiguiendo crear un obsesivo, repetitivo y cáustico fresco pornográfico que se impone por reiteración y por la absoluta anarquía con la que describe personajes que la mayoría preferirían ni rozar pero que su inmenso genio literario destripa como si fueran compañeras de colegio de las que hubiera estado ardientemente enamorado durante su adolescencia, pudiendo al fin gozar y disfrutar de ellas a su entero gusto. Sin estar constreñido por la vergüenza o las leyes morales. Dejándose llevar sin límites por fantasías que demuestran que siempre y cuando la sexualidad se libera y se encuentra satisfecha, existe felicidad y gozo. Creatividad. Dicha de vivir, como la que muestra aquí este majestuoso creador que mueve capas de imaginación con la misma facilidad con la que los personajes abren vestidos, muestran sus cuerpos al desnudo y gozan de una sexualidad frugal que es en este caso concreto, una mezcla entre inocencia y perversidad sumamente estimulante. Un cruce entre majestuosidad y vulgaridad que conecta con el instinto primario y vital del ser humano para componer una oda a la liberalidad y el desenfreno muy destacable en tiempos tan esquivos, mediocres y opacados, puro oscurantismo moderno, como los que aún continuamos viviendo.
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