Risa y tinieblas
Me refería ayer brevemente al Spider-man de DeFalco. Hoy tampoco deseo extenderme demasiado. Aunque tal vez lo haga más de lo que en principio...
En realidad, Cages es un cómic muy interesante. No es esa obra infinita que se presumía que podía ser ni desde luego una completa decepción. Yo la denomino la obra vacía porque se encuentra llena de elipsis y silencios que no podemos llenar. En cierto sentido, es como un concierto de jazz del que se encontrara ausente el saxofonista. Todos reconocemos las melodías o las disfrutamos. Incluso bailamos y movemos los pies. Pero sentimos que falta algo. Una ausencia que cambia el sentido y significado de aquello que estábamos contemplando hasta tal punto que se convierte en la estrella y el gran tema de la obra.
Lo mejor de Cages en cualquier caso es la desorientación que produce en el lector. Su indefinición, su voluntad de abstracción y su intención de conjugar el caos del universo con existencias minúsculas. De unir los espasmos del cosmos con la incertidumbre vital de unos cuantos artistas e individuos. El desparpajo con el que mezcla visiones proféticas con problemas cotidianos así como su tremendo deseo de experimentación. Una característica que termina por provocar estupefacción. Pues por un lado, es un cómic sobre la soledad y la pérdida de sentido. Una obra que analiza muy bien lo que supone superar determinadas fronteras artísticas. El terror de la escritura. Pero al mismo tiempo, es un pasadizo secreto sobre la naturaleza creativa y divina llena de recovecos y deslices. De intimidades desveladas que al momento quedan a resguardo.
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