El sexo de Kafka
¿Qué pulsiones sexuales muestran y ponen de manifiesto los escritores en sus libros? No es una pregunta muy habitual. Por lo general, nos basta con...
Como muestra, este botón: «Locos y esquizofrénicos. En eso son absolutamente iguales los maestros de marionetas y los grandes escritores. Tanto es así que considero la locura y la esquizofrenia como las armas aliadas de los escasos escritores interesantes que han existido. Aquellos que han convertido el mundo en una página de su literatura. Quienes han cambiado las reglas y trastornado el arte. Lo han estrujado en sus manos como si fuera un muñequito de trapo y de un tajo han girado su cabeza y o bien se la han arrancado o se la han colocado al revés. ¿No era Jorge Luis Borges un histriónico psicótico, William Faulkner un neurótico con tintes obsesivos y Thomas Bernhard un esquizofrénico adicto al mal? ¿Qué gran escritor no ha sido un pervertido? Por lo general, leo una frase y percibo cuándo alguien es capaz de tener un orgasmo escribiendo o continúa respirando en esta tierra porque existen los libros. Prefiero los escritores que se estrellan que los que no llegan. Los que se equivocan que los que siempre aciertan. Llamamos, nos atrevemos a denominar como genios a aquellos que erraron totalmente, fracasaron y lo hicieron con plenitud, orgullo y satisfacción. A los que perdieron de vista la realidad y también la literatura. Esos monstruos que se convirtieron en otra «cosa» diferente a lo que eran. Se transformaron en fuga, camino, tránsito, ala, pico y cuerpo mientras su obra se convertía en un festival de vahídos y gemidos, orgasmos contenidos o explosivos y arena loca furiosa por besar el agua del mar.
En realidad -supongo que no es difícil de adivinar- el anterior fragmento no pertenece a Johansson sino que aparece en Los puercos aunque suena, remite y huele a Ruido. No quisiera repetirme y no sé a veces cómo sacar de mi cerebro al escritor que protagonizaba aquella tormentosa novela. Aunque, por un lado, es lógico que ambas obras tengan concomitancias teniendo en cuenta que el abrasivo artista que protagoniza Ruido es quien escribe Los puercos. Es decir, es necesario que haya fragmentos similares, mezclar tonos y confundir pasajes pero hay que evitar la burda copia. El farragoso trámite de hacer leer al lector el mismo libro dos veces.
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