La colina punk
¿Qué resta para que la banda sonora de un videojuego aparezca en las listas de los mejores discos del año o sea considerada un clásico por músicos...
De tanto en tanto, escucho recopilatorios o directamente sesiones pinchadas en Barraca, Chocolate, Spook y Puzzle en su momento. Y ¡qué cojones!, ¿cómo no se va a sentir nostalgia de aquellos tiempos? Esas sesiones son sumamente disfrutables. Y, sobre todo, mucho más transgresoras que la mayoría de las actuales. Si hoy pinchas algo así en un club, estoy seguro de que la gente enloquecería de alegría o directamente, tendría miedo. Porque la intensidad y descaro desacomplejado que transmitían todos aquellos grupos son una ofensa, un golpe en plena cara a la etapa tan represiva y adocenada que estamos viviendo actualmente.
Existía una forma de pinchar valenciana que lograba que tanto Sisters of Mercy como The mission o Simple minds convivieran con extrema armonía con Win Mertens, Laurie Anderson, Golpes Bajos, A Flock of Seagulls y los remixes más inquietantes de los hits discotequeros de verano. Hay unos cuantos djs (sí, ya sé que hay muchos más de los cito) que han pasado a la historia: Juan Santamaría, Carlos Simó, Fran Lenaers, Quique Serrano o Tony «el Gitano». Aunque no sé si es realmente correcta esta última expresión porque tengo la impresión de que allí nadie quería trascender. Todo era mucho más espontáneo y natural.
Valencia no era una ciudad. Era un vampiro. Fagocitaba todos los estilos y artistas. Los hacía suyos. Un tema como «Nirvana» de The Cult parecía haber nacido para sonar a altas horas del amanecer en una discoteca del extrarradio. Que ese era su hábitat habitual. Estoy seguro de que resonaba realmente de modo diferente a como lo habría hecho en cualquier lugar y no tenía las mismas implicaciones que cuando se escuchaba a todo volumen en Barcelona o Nueva York. Pasado por el filtro de los djs valencianos, bailar un tema como aquel se convertía en una experiencia chamánica. Puro trance. Una colisión cósmica que abría puertas entre el pasado de las razas y el mundo moderno. A esa «edad de oro» a la que hacía referencia el título del mítico programa televisivo de Paloma Chamorro. De hecho, lo mismo que acabo de afirmar de «Nirvana» de The Cult, podría decirlo de cualquier tema icónico de The Cure. En Valencia los temas de ciertos grupos sonaban diferentes porque la ciudad se buscaba en Babel y Sodoma. El placer era el lenguaje y el hedonismo total el edificio a construir.
No sé si merece la pena que le dedique varias líneas a lo que ocurrió en la ruta en los años 90. Tras los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla, España se quedó paralizada momentáneamente. Durante una década, se había experimentado con todo tipo de substancias hasta el límite. Aparentemente, nos habíamos igualado a los países desarrollados de nuestro entorno. Así que no había un proyecto esperanzador. La diversión comenzaba a ser un bucle y la fiesta una experiencia tantas veces repetida que ya no era tan ilusionante como desgastante. Una prueba de resistencia para el cuerpo. Un rito obligado para formar parte del rebaño. Integrarse en sociedad. El estímulo no era ya encontrar experiencias nuevas sino repetir las mismas hasta morir. La diversión por la diversión. «Esta me gusta me la tomo yo». Ya no tanto para contrarrestar los años de represión de Franco sino para marcar terreno. Barrera generacional. Sobrellevar mejor el tránsito hacia el mundo del trabajo. Para más inri, el año olímpico se cerraba con el tristemente célebre crimen de Alcácer.
Tras el 92, quedó claro que dinero seguiría habiendo (y mucho) en España pero también que el factor de gobierno era la corrupción. Corrupción y más corrupción. Así que la ruta dejó de tener un marchamo artístico y un sentido ontológico para convertirse en un emporio industrial a mayor honra del nihilismo. La Festuki. Las drogas mutiladas y los ritmos repetitivos y makinales. Lavadoras emocionales. Obviamente, aquello nunca me interesó, pero tampoco tengo nada que objetar. De hecho, considero que podría haber sobrevivido muchos años y tal vez hubiera dado nuevos e inesperados frutos décadas después. Pero los políticos que hicieron la vista gorda cuando les convenía, se encargaron de ponerle el ataúd con ayuda de la prensa y la televisión. Comenzaba la época del control juvenil y la estigmatización. «Te vas a drogar cuando yo quiera y como yo quiera y con lo que yo quiera», dijo el poder. Uno o dos años después del cierre de las discotecas más emblemáticas de la ruta, Tele 5 estrenaba Gran Hermano. Shalam
1ºimagen:…haciendo honor al nombre «spook»:…https://www.youtube.com/watch?v=UMW_eyc_dxQ..r.futura..
2ºimagen:…»jethro tull» en el poster en el centro «nino bravo»…jajajjj
3ºimagen:….el guante de «gilda» en la pierna de una «egipcia» …….
4ºimagen:….una «blondie» en toda la raya……
5ºimagen:…..y en el rincon izq la telaraña en el techo y en la pared dech los dos rayos de acero corten……
6ºimagen:….guerra relampago, (Blitzkrieg),….la mañana siguiente…..
1) Precisamente, Radio Futura solían ir mucho por aquellos lugares al comienzo de su trayectora. Y uno de aquellos djs, hizo un remix de su «Semilla negra». 2) jajajaj.. eso mismo iba a poner yo: Jethro Tull: Aqualung. 3) Siouxsie dándose un garbeo por Valencia junto a sus compañeros de Banshees. 4) Decorado de una peli de Bigas Luna. Todo artificial pero más o menos bien logrado. 5) ¿Quién recogerá los vasos? ¿La chica rubia al teléfono habla con alguien de dentro de la discoteca o de fuera? 6) Le quitas los coches y el color y parece una foto de la España eterna.