Los jardines estatuarios
Jacques Abeille me recuerda a los escritores de varios siglos atrás. Sus textos me hacen rememorar aquellos ensayos utópicos surgidos durante el...

Creo, no obstante, que más que un pensador comunista, Revueltas era un librepensador. Siempre fue fiel a sí mismo. Tanto que es muy difícil encontrar epígonos intelectuales que prosiguieran su legado durante el siglo XX en México e intentaran aclarar, por ejemplo, los motivos por los que la Revolución mexicana fracasó así como la naturaleza de los nuevos pactos que las oligarquías empresariales del país realizaron en contra de los trabajadores.
No cabe duda de que Revueltas jamás calló. Convirtió su vida en un elogio a la rebeldía y la resistencia y fue un exiliado de todas las ideologías. De hecho, si bien durante su primera juventud, accedió a retirar de la circulación Los días terrenales (1949) por decisión de los altos mandos del partido comunista, cuando maduró, no le importó ser expulsado del partido hasta convertirse progresivamente en un marginado. Ante todo, porque lo más importante para él siempre fue su obra. Su coherencia interna. Su deseo de construir una auténtica democracia en su país y la implantación de un sistema político en el que las clases más desfavorecidas no se vieran sometidas a todas esas feroces situaciones de discriminación que describía en sus novelas.
Cabe decir que lo mejor de la obra del escritor mexicano no se encuentra, bajo mi punto de vista, ni en Los errores ni en Los días terrenales. Novelas río que denuncian las purgas del partido comunista y se encuentran demasiado constreñidas a la temática política y social denunciada. Sin ir más lejos, ensayos como México: una democracia bárbara, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza o Cuestionamientos e intenciones aluden, por ejemplo, a estas u otras situaciones con mayor habilidad y ligereza. Pues describen con absoluta lucidez y rigurosidad la realidad del México que le tocó vivir (desde el gobernado por Manuel Ávila Camacho hasta el de Luis Echevarría Álvarez) y el del presente.
Realmente, la grandeza de la obra de Revueltas radica en que, en vez de engrandecer la figura del delincuente, la prostituta o el integrante del partido comunista -como hubiera hecho un escritor menor o absorbido por su faz política- mostraba a estos tipos «sociales» en su verdad descarnada y atropellada. Indagaba en todo ese cúmulo de contradicciones que les hacían caer en las trampas del sistema que denunciaban y contra el que aparentemente habían emprendido una lucha feroz.
Por supuesto, Revueltas también contribuyó a radiografiar el laberinto de la soledad de Octavio Paz. Las razones de su orfandad y nostalgia así como su corrupción. A este respecto, basta leer El luto humano -una irradiante mezcla entre la prosa de Juan Rulfo y la de Agustín Yáñez- para constatar cómo fue capaz de sintetizar el drama del México rural a partir de una historia protagonizada por anónimos seres humanos. Una serie de campesinos condenados a luchar por una tierra olvidada, devorada por la sed de poder y venganza y dominada por los espíritus procedentes del más allá. Una obra en definitiva que demuestra que Revueltas no fue únicamente un escritor político. Fue un escritor absoluto. Un hombre excesivo, caótico, que vivía y respiraba para la literatura. Un autodidacta procedente de una familia de reputados artistas que, debido a sus convicciones, abandonó muy pronto la enseñanza oficial y vivió sumergido en innumerables actividades gracias a las que supo vislumbrar el cenagal social mexicano. Ya que incluso fue capaz de describir los problemas de la cultura fronteriza mexicana en Los motivos de Caín y nunca llegó a pactar con las redes del poder que intentó anularlo ofreciéndole dinero y premios. Lo que explica en parte el vacío y silencio institucional que sigue existiendo en torno a su persona.
Preguntado en una de sus frecuentes estancias en la cárcel por si se resentía en exceso por tantos encierros, Revueltas, casi sin inmutarse, respondió que la libertad de una persona es interior y que a él le bastaban unos libros pare leer y un lápiz y papel para sentirse cómodo porque el espíritu no puede ser apresado aunque se encuentre tras las rejas de una jaula.
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