Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Nostalgia es uno de los filmes de Tarkovski donde más claro quedan reflejados estos postulados. El poeta ruso, Andréi Gorchakov, queda tan fascinado por Domenico, un «loco» que se encerró junto a su familia siete años en su casa creyendo que el fin del mundo se aproximaba, que deja de lado a la atractiva traductora que lo acompaña durante su viaje por Italia. En cierto sentido, Andréi tiene aparentemente todos los condimentos delante suya para sentirse un hombre feliz. Pero es un poeta. Es un artista. Se encuentra disgregado y partido por encontrase lejos de Rusia. De su casa natal y sus recuerdos familiares. Y finalmente, sigue sus dictados interiores y conduce una vela por una piscina momentos antes de expirar. Realiza un acto de fe, por más absurdo que pueda parecer, en los segundos previos a su muerte y todos entendemos que así es como encuentra consuelo. Que su alma se salva y encuentra aliento. Por otro lado, en su intento de que los hombres de hoy en día entiendan los viejos mensajes espirituales que han olvidado, Doménico acaba con su vida quemándose ante la indiferencia general en Roma.
En cualquier caso, si hoy tuviera que sugerir qué es para mí la Navidad volvería a la escena final de Nostalgia y retomaría algunas de las imágenes que vienen a mi mente de mi difunta madre. Su amor por sus hijos era esa vela que un poeta moribundo intentaba que no se apagase. Ella no sabía si lo que les daba, acabaría por fructificar o no llegaría a puerto alguno pero daba. Siempre daba. Y tanto en la sonrisa de su prole como en el mero acto de dar, encontraba felicidad y paz. Algo muy distinto a lo que ocurre diariamente en que no hay más que conflictos y ruidos. Una violencia soterrada que por ejemplo ha convertido al arte en un estercolero consumista. Cuando es o debería ser el opuesto. Pues no debería existir mayor bendición para un creador que la de poder hacer su obra. Poder consagrarse a ella semana tras semana con integridad más allá de la recepción o las susodichas ventas. Una prueba de que todos los días del año pueden ser Navidad. Shalam
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