Extravíos del futuro
Las bandas sonoras de los films de John Carpenter acostumbran a ser inquietantes y amenazadoras. Suelen estar compuestas por un mar de sonidos...
En realidad, Zombie no se diferencia tanto de otros grandes discos de Kuti. Ahí están el trance, las percusiones de Tony Allen y la líbido desenfrenada. Lo que marca la diferencia y lo convierte en insustituible son tanto el compromiso político como la tragedia familiar que su publicación conllevó. A pesar de ser él mismo un jaguar africano que había ido recogiendo y juntando pigmentos europeos, Kuti no se cansó nunca de remover la conciencia de su pueblo. En Gentleman por ejemplo, había ridiculizado su manía de vestirse como occidentales. Kuti era un iluminado. Un cocodrilo indomable. Un soldado de la música y el arte que no estaba dispuesto a que nadie le robara la libertad ni la identidad. Era un artista guerrillero que había llegado a crear un territorio libre y autónomo dentro de la capital de Nigeria que se regía por sus propias normas: la República Kalakuta. Y desde luego, su contención no era su fuerte. Por lo que dedicó su Zombie directamente al ejército de su país y al déspota que lo gobernaba: Obansajo. Un golpe directo y frontal al gobierno que dolió y mucho porque allá donde iban los militares y políticos eran recibido con bailes y sorna y al ritmo de la mítica canción. El pueblo, sí, les llamaba muertos en su cara mientras bailaban y por otra parte, la enorme popularidad de Kuti congregaba multitudes y la atención de los medios internacionales que no tragaban con la propaganda del gobierno y comenzaban a considerarlo como el verdadero soberano en la sombra del país. El rey negro.
Más que un disco por tanto, Zombie era una bomba. Una ametralladora que desataba el miedo y la burla a su paso que puso en pie de guerra a un país y convirtió cualquier café donde sonara en una discoteca bélica. De hecho, pincharlo se convirtió prácticamente en un acto terrorista. Puro activismo político. Un atentado contra el orden imperante y una ráfaga de balazos artísticos contra la opresión y la colonización. Una prueba en definitiva de que existen discos peligrosos y situaciones tan extremas y músicos tan comprometidos con su causa y las ideas que defienden que son capaces de lograr que el dicho de que el arte salva vidas, agita conciencias y remueve el suelo sobre el que se asienta el poder no es una metáfora sino una realidad. Shalam
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