Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Hablaba el pasado sábado del disco en avería pero no sé si fui lo suficientemente claro. Porque básicamente lo que deseaba decir es que la grandeza de la obra de Slint, entre otros aspectos, radica para mí en que supo retratar el infierno interior que para EUA supondría la administración de George Bush (hijo) años antes de que el pitchbull tomara el poder. Es un disco que podría haber sido compuesto horas después de la caída de las Torres Gemelas. Refleja con suma sobriedad a un alma presa por la desesperación. Avergonzada por vivir en una sociedad deshumanizada capaz de invadir un país extranjero encarnizadamente mientras dice ser garante de las libertades. De la idea de democracia.
Es lógico, por otra parte, que Spiderland se ajustara a los límites musicales (que rebasaría con mucho) de un género como el hardcore. El hardcore nació en un país que había sido explorado, después de una épica empresa de siglos, hasta sus últimos confines. Y cuando se alcanzaron, los seres humanos volvieron su mirada hacia las estrellas buscando otros paisajes o emprendieron nuevas aventuras interiores por medio de las drogas psicodélicas.
En fin. Probablemente hardcore sea lo antes afirmado y mucho más. Sea el olor a gasolina y también las inmensas ferreterías y las carreteras desiertas que no utiliza nadie. Pero Spiderland no es únicamente eso. Lo es, claro, pero de una manera discordante y propia. Porque se alimenta de las heces del hardcore, de esa desilusión y rabia, para avanzar más allá. Retratar un mundo dividido sometido a cientos de presiones que los miembros de Slint proponían destruir. De hecho, Spiderland parece la creación de un suicida. El grito de un ser humano que habiéndose liberado de las cadenas, saltara de un inmenso edificio sabiendo que a su aterrizaje no le espera más que la muerte. Y, en este sentido, es metáfora de la destrucción de un sueño. La construcción de una pesadilla levantada en nombre de Dios y la libertad cuyo epílogo se había ido labrando mucho tiempo antes pero no tendría un sentido más o menos evidente hasta el 11 de septiembre del año 2001. La fecha justa -por más que pienso que el disco también habla de crisis económicas como la actual y del fin (no ya de la historia) sino del futuro- en que, de no haber sido sus componentes unos genios, debió haber aparecido Spiderland. Shalam
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