Salvar vidas
Hoy hablaba con una mujer enferma, forzada a estar dos años en casa sin salir, que me comentaba lo mucho que le estaban ayudando los libros a...
Debajo de los días es casi una salutación de Ángel a la muerte. Creo que desde que era joven ya se percibían en sus versos continuos coqueteos y guiños a los grandes temas de la literatura y muy concretamente al ocaso, la decadencia y la vejez. No es que el joven poeta Paniagua estuviera contenido en el maduro sino que el escritor extremeño parecía desear alcanzar la madurez antes de tiempo. Y escribía cuando tenía 20 años como lo hacen los escritores de 40. Algo que, en su momento, dotaba de cierta impostura a sus ambiciosos, notables y muy meritorios versos pero, en este caso, puesto que el tiempo ya ha transcurrido, los imbuye de naturalidad y serenidad. Existe, de hecho, cierto estoicisimo heroico en muchos de ellos porque, en gran medida, son un testimonio de aceptación de los desengaños y pesares de la vida que, desde luego, está muy lejos del pataleo y la protesta feroz. Por ello considero el poemario entero como una especie de «Tempus fugit erótico». Una mirada valiente y serena (y también salvaje y áspera) a aquello que fuimos instantes antes del ocaso. En realidad, en Debajo de los días no hay premura. Existe una lúcida comprensión de nuestra naturaleza. De hecho, no es un libro perfecto sino humano. Es una mirada directa a los ojos del fracaso que -insisto- no evade sino que acepta el dolor.
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