Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Creo que, en cierto sentido, Von Trier utiliza la música en sus películas como si fuera italiano. Un tenor transalpino desgarrado al que no le basta confesar su intenso dolor sino que debe expresarlo, decírselo al mundo con todo tipo de aspavientos que terminan por convertir a la confidencia en sí misma en una obra de arte con vocación monumental. Una catártica declaración que transforma un momento desgarrador en único. Un reflejo de la fuerza divina que late en el interior de los seres humanos y sale a flote en los momentos cruciales. De hecho, el director danés es tan profundo y abrasivo, se implica tanto emocionalmente con aquello que rueda que transforma temas clásicos del rock y el pop en fragmentos operísticos. Probablemente porque su concepción de la música y el cine es tan absoluta y totalitaria que es capaz de insuflar un poso celestial e infernal a cualquier melodía por intrascendente que nos pudiera parecer en primera instancia. Lo que dota de una sensualidad, elegancia y resonancia sin igual a canciones que podrían pasarnos desapercibidas en otras circunstancias y en sus manos son prácticamente medallones medievales, pórticos santificados, crucifijos movedizos y ecos de los gritos divinos y diabólicos. Son, sí, arias operísticas y barrocas impregnadas de nihilismo y teatralidad.
No obstante, Von Trier no se detiene aquí. Pues algo parecido a lo que realiza con el pop y el rock, lo hace con la música clásica. En este caso, convirtiéndola en un manjar suculento. Un banquete melódico con una inmensa carga filosófica que utiliza constantemente para terminar de acentuar los aspectos trágicos y melodramáticos de la vida cotidiana y, en muchos casos, recalcar también su dimensión onírica. En gran medida, sí, el director danés multiplica en sus películas la carga dramática de las composiciones románticas que utiliza. Las conduce al paroxismo para convertir las imágenes que las acompañan en nebulosas. Anunciaciones del ocaso. Reflejos subjetivos tanto de una psique por lo general torturada como de los espíritus cruentos que reinan a su antojo en medio del Apocalipsis contemporáneo.
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