Galaxia ecológica
No quisiera realizar muchas más reflexiones sobre las dos obras de Bester, El hombre demolido y Las estrellas mi destino, que he leído últimamente....

Enrique Vila-Matas ha mencionado en varias ocasiones lo importante que fue para Joseph Conrad la lectura que de La locura de Almayer realizó uno de los marineros que lo acompañaba en alta mar. Su veredicto fue positivo porque probablemente ese hombre leyó el texto con el corazón, sin frialdad. Un humanismo que se escapa al medio universitario (al que todavía, actualmente pertenezco) que probablemente habría abordado la novela desde una perspectiva distinta a la de un lector común, más proclive a señalar ciertos errores y técnicas mal empleadas que a la emoción despertada por las palabras. Obviamente, no estoy seguro de lo que digo. El talento de Conrad era grande y puede que los críticos lo hubieran detectado en primera instancia. Pero no sé si hubieran sido tan empáticos con él, si hubieran entendido su creación como el fruto nacido del vientre de un hombre. Al poner el foco en la mente, tal vez hubieran sido más crueles y hubieran apagado la voz de un ser humano necesitado de expresarse. ¿Quién lo sabe? Desde luego, no yo. Pero es algo que no he podido evitar plantearme estos últimos días.
En fin, supongo que para evitar estos pensamientos intrusivos que en el fondo tal vez revelan cierta desconfianza en uno mismo que yo soy el primero en reconocer por razones que confío explicar algún día en El libro del padre, lo mejor es salirse en la medida de lo posible del sistema; de nuestro mundo. Me explico. Veía ayer un interesante documental sobre Grant Morrison, Grant Morrison: hablando con Dioses, y me llamó la atención rápidamente una anécdota que refería de su infancia: iba paseando de niño de la mano con su madre cuando ésta, señalando la estrella Sirio, le dijo que en realidad ellos procedían de allí. No eran, por tanto, de este planeta. Verdad o mentira, esta idea y revelación se introdujo en la piel del pequeño Grant que, años más tarde, al crecer, sería capaz de renovar la narrativa del cómic conduciéndola a territorios insospechados. Algo que probablemente no podría haber hecho si hubiera antepuesto la educación a la creatividad y el rigor a la dicha como se lleva realizando desde hace tiempo en Occidente con el objetivo acaso de convertirnos en zombies, muertos vivos únicamente preocupados de subsistir para consumir. Shalam
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